10/06
El entorno influye y condiciona más de lo que parece nuestras posibilidades de ser felices. En primer lugar porque para ser felices debemos ser libres, vivir en democracia y por tanto necesitamos que los políticos nos gobiernen y que tengan un elevado nivel de calidad en todos los sentidos, aunque no será fácil que nos permitan llegar alguna vez a ser plenamente felices.
El mes pasado expuse en noticias.com las ocho reglas básicas para alcanzar la felicidad. Trataban más sobre formas de conducta o actitudes individuales ante la vida que de comportamiento u objetivos colectivos.
Lo cierto es que el entorno influye y condiciona más de lo que parece nuestras posibilidades de ser felices. En primer lugar porque para ser felices debemos ser libres, vivir en democracia y por tanto necesitamos que los políticos nos gobiernen y es fundamental que tengan un elevado nivel de calidad en todos los sentidos. La forma de gobierno es una variable exógena que, como ya dije en su día, afecta directamente a nuestra felicidad. Lo malo es que es difícil elegir y acertar las personas adecuadas pues nos suelen engañar y no podemos dar marcha atrás una vez hemos emitido el voto. Tampoco es bueno estar cambiando de políticos con la misma frecuencia que te cambias la corbata o los calzoncillos.
Es una gran verdad que nuestra sociedad avanza tecnológicamente pero también es cierto que vamos en regresión moral. Quede bien claro que la educación recibida durante nuestra infancia y juventud (familia, escuela y televisión) es la gran culpable del problema y que la ausencia de sólidos principios morales es aplicable a cualquier colectivo, no importa qué actividad realice. Pero dicho esto debemos ser conscientes del importante papel que desempeñan nuestros políticos pues nunca llegaremos a ser plenamente felices si abundan los corruptos o los sinvergüenzas.
“Nunca llegaremos a ser plenamente felices si abundan los políticos corruptos o los sinvergüenzas”
Ellos son los responsables del buen funcionamiento del estado de derecho, de la seguridad ciudadana, de la economía de bienestar, los servicios públicos, la libertad, la ética y la justicia.
La proliferación de tinglados inmobiliarios como el caso de Marbella y de muchos otros pueblos y ciudades de nuestro país, el apestoso asunto de presuntas falsificaciones de documentos sobre el 11-M y los innumerables casos de nepotismo y de uso indebido de informaciones privilegiadas, no ayudan a incrementar la felicidad de los ciudadanos y los confunden en el momento de retratarse en un colegio electoral.
Necesitamos con urgencia un cambio radical de filosofía de comportamiento. Necesitamos que la corrupción política sea la excepción y no la regla. Necesitamos que políticos de distintos partidos se apoyen cuando las propuestas sean correctas y den la razón al contrario cuando la tenga. Necesitamos que dejen de hablar de futuro y demuestren realidades. Necesitamos que trabajen más y que no pierdan el tiempo en interminables horas, discutiendo a voz en grito en las cámaras entre insultos y amenazas. Necesitamos que sean más prudentes al crear leyes y decretos prohibitivos. Necesitamos que antes de pensar en sí mismos y en sus propios partidos piensen en los ciudadanos, no importa qué voto hayan emitido. Necesitamos… me parece que necesitamos tantas cosas que no será fácil que nos permitan llegar alguna vez a ser plenamente felices.
Creo, por desgracia para todos, que antes bailarán “cha cha chá” los toros de casta o que las marmotas tocarán la armónica en perfecta armonía. Es penoso, pero esto es lo que hay o al menos lo que yo pienso.