11/06
La clave del éxito de la cohabitación Bush-Congreso pasa por la cooperación en asuntos económicos y de política exterior y el arrinconamiento de los delicados temas de valores (aborto, investigación con células madre, matrimonio homosexual) donde las posiciones respectivas sí son difícilmente reconciliables.
Las elecciones a la Cámara de Representantes y al Senado del 7 de noviembre han alterado la correlación de fuerzas entre los Republicanos, el partido que ha ocupado la Casa Blanca desde el 2000 (y 18 de los últimos 26 años) y que ha disfrutado de una mayoría en el Congreso desde el 1994, y el partido Demócrata, que durante toda la presidencia de George W. Bush ha vivido horas bajas y ahora puede celebrar una victoria sin paliativos.
La victoria del partido Demócrata ha sido contundente. Además de conseguir arrebatar 28 escaños en la Cámara de Representantes y 6 en el Senado a los Republicanos y alzarse con la mayoría en ambas cámaras, los Demócratas cuentan ahora con 28 gobernadores (por 22 los Republicanos).
¿Cómo será la cohabitación entre George W. Bush y la mayoría Demócrata del Congreso? A los que esperan una retirada a corto plazo de Iraq, espectaculares comités de investigaciones en el Congreso que indaguen sobre la preparación y ejecución de la guerra, los supuestos tratos de favor otorgados por la administración Bush a las empresas petrolíferas y farmacéuticas e incluso un impeachment del presidente Bush, seguramente les aguarda una desilusión. No faltan voces en el partido Demócrata que propugnan tales medidas junto a una reducción de los poderes extraordinarios (para efectuar escuchas sin supervisión judicial, por ejemplo) que se ha adjudicado Bush para combatir el terrorismo después del 11-S.
“Si los Demócratas optan por la confrontación se producirá una parálisis hasta las elecciones de noviembre del 2008”
Sin embargo, resulta bastante improbable por varios motivos que el ala más radical del Partido Demócrata pueda imponer su agenda. En primer lugar, la mayoría Demócrata en el Senado es mínima (51 a 49) y no solamente no puede revocar un veto presidencial (se requieren dos tercios) sino que en temas delicados puede perder votaciones. En segundo lugar, los líderes mas pragmáticos del partido Demócrata son conscientes de que los resultados han tenido mucho más de rechazo a los Republicanos y especialmente Bush -sobre todo por el disgusto ante la situación en Iraq, pero también por escándalos de tráficos de influencias de legisladores republicanos y el estancado poder adquisitivo de las clases medias- que de apoyo a un partido Demócrata que no presentaba un programa coherente y continua muy dividido. Las encuestas postelectorales muestran claramente que los votantes pretendían aplicar un correctivo a Bush y a los Republicanos pero no son partidarios, por ejemplo, de una retirada precipitada de Iraq.
Si los Demócratas optan por la confrontación se producirá una parálisis hasta las elecciones de noviembre del 2008. No obstante hay muchos indicios de que los líderes Demócratas intentarán trabajar con la Casa Blanca. En temas como la reducción de la dependencia energética exterior, la política de inmigración e incluso un relativo giro multilateral en la política exterior en relación a Corea del Norte e Irán no son insalvables las diferencias entre Bush y los Demócratas moderados. Incluso se puede alcanzar un acuerdo sobre una retirada gradual de Iraq a partir de la comisión bipartidista encabezada por James Baker. Los Demócratas contentarán a sus bases con el aumento del salario mínimo federal, la denegación de la autorización a Bush para negociar tratados de libre comercio, incrementos en las ayudas y deducciones fiscales para las familias con menos recursos y sin cobertura médica y la fijación de precios máximos para los fármacos.
La clave del éxito de la cohabitación Bush-Congreso pasa por la cooperación en asuntos económicos y de política exterior y el arrinconamiento de los delicados temas de valores (aborto, investigación con células madre, matrimonio homosexual) donde las posiciones respectivas sí son difícilmente reconciliables.