Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 04 del Julio de 2008 — Actualizado a las: 17:27 PM
(viene del artículo anterior)
La innovación está estrechamente relacionada con la economía de las ideas. Y es que innovar no es, ni más ni menos, que crear nuevos productos y servicios, o mejorar los procesos para lograr mayor rentabilidad. Esta economía de las ideas se ve frecuentemente amenazada en el entorno laboral, dado a diversos factores. El primero tiene que ver con la receptividad que tiene la organización a recibir ideas. En un estudio realizado por proceso-i entre 200 empleados pertenecientes a empresas nacionales y multinacionales establecidas en España, determinamos que solamente el 19% de las empresas cuenta con un sistema formal para recoger ideas o sugerencias por parte de sus empleados, mientras que un 97% de los encuestados ha dicho haber tenido por lo menos una idea de mejora para su empresa.
Es cierto que las empresas cada año se enfrentan al desafío de superar los objetivos de negocio del año anterior, a menudo con menor inversión. Lograr mejorar los resultados requerirá el desarrollo de nuevas acciones, o por lo menos, una mejora sustancial en la manera de realizar las tareas que hasta el momento han funcionado. Sin embargo, hacer cosas diferentes no necesariamente significa grandes inversiones, estudios costosísimos, estrategias elaboradas. Simplemente, significa intentar encontrar otro punto de vista a nuestra ya conocida realidad. Encontrar un nuevo punto de vista a un problema existente nos ayudará a identificar oportunidades en las que no habíamos reparado con anterioridad. Esta habilidad de encontrar nuevos puntos de vista, típica de los innovadores, aunque parezca difícil de lograr no lo es. Para lograrlo pensemos (o hagamos) una foto del problema al que nos enfrentamos. A continuación, saquemos la misma foto pero desde un nuevo ángulo, cambiando el enfoque. Veremos cómo al cambiar el punto de vista de un problema cambia el resultado.
Este ejercicio de fotografía es sumamente útil. En primer lugar no estamos acostumbrados a pensar en un problema como si fuera una fotografía. Forzar nuestro cerebro a encontrar una fotografía que represente el problema al que nos enfrentamos ya es un desafío en sí. Un desafío que hace que nuestro hemisferio izquierdo se confunda y hasta se enoje. Nuestro hemisferio izquierdo será el que nos diga “vaya tontería que estás haciendo”, ya que está acostumbrado a pensar linealmente, no en abstracto.
La innovación en la empresa debe formar parte de un aprendizaje y ejercitación constante
Pero pensar linealmente produce siempre los mismos resultados o soluciones a problemas. Es necesario conectar con nuestra capacidad creativa, con nuestro pensamiento abstracto para encontrar nuevos caminos alternativos, nuevas soluciones. Recuerdo un curso de dibujo que hice hace muchos años en Estados Unidos donde la base del aprendizaje se centraba en despertar el lado derecho del cerebro, el lado creativo. Para ello, la técnica era bastante sencilla: se trataba de confundir al lado izquierdo. Confundido el lado izquierdo, el derecho es el que comienza a funcionar. Activar el lado derecho, no solamente es posible, sino que además es enriquecedor y alentador, divertido y emocionante, ya que nos lleva a descubrir cosas nuevas.
La vida en la empresa desarrolla el lado racional, o lado izquierdo del cerebro. El que entiende e interpreta las circunstancias y desarrolla soluciones lógicas. Y frecuentemente es el encargado de decir que para conseguir más resultados hay que hacer más de lo mismo. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto.
Si el objetivo es más por menos, o sea, mayores resultados con menor inversión, cualquiera sabe que más por menos da como resultado un número negativo. Y la realidad es así. O cambias el signo, como en una ecuación matemática, u obtendrás un resultado negativo.
¿Cómo hacer que más por menos arroje un resultado positivo? Cambiando los parámetros, las creencias, los paradigmas y en definitiva el comportamiento. Bien sabido es que para conseguir resultados diferentes hay que hacer las mismas cosas de manera diferente o hacer cosas diferentes. Sin embargo, presos de nuestro lado izquierdo durante las horas de trabajo, es difícil dejar paso al lado derecho, el innovador, intuitivo y proveedor de soluciones diferentes. Para lograrlo, se requiere un cambio de comportamiento.
La experimentación es la mejor manera de incorporar nuevos aprendizajes en un cerebro adulto, lleno de experiencias de vida que han determinado los comportamientos. Es necesario incorporar nuevas experiencias para cambiar el comportamiento. Mientras que el talento es una habilidad natural, el comportamiento se puede moldear y adquirir a través de la experiencia. Por lo tanto, no hay que desesperar, ya que la creatividad y las ideas no son exclusivas de los artistas.
La innovación en la empresa, no solamente debe ser parte de la estrategia, sino también debe formar parte de un aprendizaje y ejercitación constante. Y el comportamiento, como ya he mencionado, se adquiere y cuanto más se ejercita, más naturalmente se pone en práctica en el día a día.
La capacidad de innovación de la empresa
Dentro de las organizaciones existen algunos obstáculos claros con respecto a la innovación. En un estudio desarrollado por el Boston Consulting Group y publicado por Business Week en los Estados Unidos, las empresas señalaron que el principal enemigo de la innovación (32%) es la lentitud en el desarrollo (procesos, productos o servicios). Este dato es sumamente importante ya que uno de los riesgos de la innovación es que haya otra empresa que esté desarrollando el mismo producto o servicio en menor tiempo. Tomemos como ejemplo el caso de un banco. Un equipo de desarrollo de productos decide desarrollar un nuevo producto financiero que atienda una necesidad nueva o incipiente en el mercado. Dependiendo de los procesos internos, el tiempo de desarrollo variará sustancialmente. El concepto del nuevo producto puede ser excelente, sin embargo hasta ponerlo en el mercado puede pasar un año o más.
Innovar significa hacer cosas diferentes o de manera diferente, y eso trae riesgos
En tal sentido, recuerdo mi experiencia como responsable del área de Gestión de Clientes en una entidad financiera en España. Integrado dentro del área de gestión de clientes, estaba el departamento de desarrollo de productos. La red comercial nos alertaba de una nueva necesidad (frecuentemente innovadora para la compañía pero existente en el mercado). El departamento de desarrollo de productos sugería una solución. Para que esta solución se implementara, debía elevarse a la categoría de “proyecto de empresa” y entrar en cola. El equipo de dirección establecía una prioridad y a partir de dicha prioridad comenzaba (o no) la coordinación del proyecto que involucraba a los departamentos legales, financieros, planificación, sistemas, marketing y demás. La conclusión, es que un mínimo cambio en un producto podía conllevar un año de desarrollo. Producto que ya estaba siendo comercializado por la competencia.
Pero también existían los casos al revés. Casos en que el departamento de desarrollo de productos, sin involucrar a la red comercial o a los clientes, desarrollaba nuevas soluciones que presuponía innovadoras, disruptivas. Sentados en una oficina en Madrid, sin contar con el input de la red comercial o de los clientes, estas soluciones en casi todos los casos resultaron un fracaso comercial. Por ello, la importancia de crear sistemas formales de captación de ideas, que tienen que ver con cómo una empresa aprende y colabora con su entorno. En tal sentido, no hemos de olvidar otra fuente fundamental de información y que está sistemáticamente desatendida y minimizada su importancia: los proveedores. Los proveedores de una empresa pueden ser una gran fuente de información, sin embargo, las empresas rara vez los involucran en procesos de mejora o de innovación.
Este mismo estudio, señala como otro de los factores enemigos de la innovación a la cultura que teme o evita el riesgo. Y es que innovar significa hacer cosas diferentes o de manera diferente, lo que evidentemente conlleva un riesgo asociado. Sin embargo, en los Estados Unidos existen empresas donde la obligatoriedad de innovar es clara, a sabidas cuentas que la innovación necesariamente conlleva el riesgo de equivocarse. En estas empresas, los miembros del comité de dirección han de presentar a su consejero delegado todos los meses los errores que han cometido y si llega un director a ponerse “medallas” de lo bien que ha hecho todo, sin presentar ningún error, éste es despedido. ¿Por qué si lo hace bien? Porque si no se equivoca es que no está innovando, es la teoría. Lógicamente los errores no han de cometerse en las tareas o acciones ya conocidas, sino en nuevas acciones, en nuevas estrategias o en nuevos procesos.
Hay que tener en cuenta que los mayores descubrimientos del mundo han surgido fruto de una equivocación. Un buen ejemplo es el descubrimiento de América. Se descubre un nuevo continente porque un señor llamado Cristóbal Colón decide emprender un viaje hacia las “Indias” y fruto de sus errores descubre un nuevo continente.
En España el temor a equivocarse creo que es aún mayor y éste quizá sea aquí el principal enemigo de la innovación. Fomentar en los empleados la capacidad y autonomía para asumir riesgos y la posibilidad de equivocarse es fundamental para desarrollar la capacidad de innovación de la empresa.