El martes 27 de febrero el IBEX 35, junto con el resto de las bolsas mundiales, registraron la mayor caída bursátil de los últimos años. El comentario del ex presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed) Alan Greenspan, respecto a una posible recesión de la economía americana hacia fin de año, parece que fue uno de los detonantes. El otro, las declaraciones del gobierno chino planteando medidas para frenar la especulación bursátil en Shanghai, la bolsa asiática que se ha convertido en un referente de la inversión en mercados emergentes.
A finales de la semana, tanto Greenspan como el actual presidente de la Fed, Ben S. Bernanke, rectificaron y matizaron las observaciones, el primero dando a entender que la recesión es “posible aunque no es probable” y el último apuntando incluso a una “posibilidad razonable” de incremento de vigor en la economía a mediados de año. China por su parte se desdijo de sus declaraciones y explicó que no introduciría medidas (fiscales) para controlar la inversión bursátil. La caída bursátil generó sin embargo alarma en los inversores pues vino acompañada de una volatilidad a la que nos habíamos desacostumbrado, posiblemente potenciada entre otros por la operativa típica de los grandes Hedge Funds americanos.
“La caída bursátil generó alarma en los inversores pues vino acompañada de una volatilidad a la que nos habíamos desacostumbrado”
Esta aparente “sobrereacción” a las declaraciones responde a un momento en que las bolsas europeas han visto durante cuatro años un crecimiento sostenido y con poca volatilidad, y en el que los inversores esperaban una corrección especialmente desde que se inició este último tramo alcista en junio del 2006.
Analizando los indicadores económicos americanos, sin embargo, vemos que los motivos de preocupación están por el momento injustificados. Si bien es cierto que el índice de endeudamiento de las familias americanas es alto (tasa de ahorro negativa el último año y medio) y la tasa de ocupación es moderada, el índice de la confianza de los consumidores americanos ha alcanzado su nivel máximo desde el año 2003. El mercado inmobiliario, en crisis desde el verano del 2006, parece mostrar signos de estabilidad como se desprende del libro Beige de marzo de la Fed, que también apunta que no habría un impacto en el consumo minorista. Tanto es así que la Fed, a tenor de la política de tipos de interés actual, parece más preocupada por controlar la inflación que por el crecimiento de la economía yankee.
En lo que se refiere a Europa, las bolsas mostraban, antes de la corrección, un crecimiento desde junio del 2006 del 27% en el caso del agregado del Eurostoxx 50, y un 40% en el caso del IBEX 35. Estos crecimientos son más moderados que el 100% que reflejaba la bolsa de Shangai para el mismo período. La corrección de hace dos semanas, sin embargo, afectó proporcionalmente más a los índices del viejo continente (entorno al 8%) que al chino (10%).
“En el caso español cabe ser prudentes a la hora de elegir los valores de compra”
Cabe resaltar además que las subidas bursátiles de los últimos años, en el caso europeo, han venido acompañadas de un buen crecimiento de la economía y unos resultados empresariales muy positivos. De este modo, ya antes de las citadas bajadas, las bolsas alemana, francesa, belga u holandesa presentaban oportunidades de compra con descuentos del valor fundamental que oscilaban entre el 30% y el 50%. Visto que los fundamentales no se han visto afectados por esta pasada corrección, la situación actual no ha hecho más que acentuar estos diferenciales. Sectores como el de seguros (Allianz), media (Vivendi), banca (Deutsche Bank), tecnológico (Alcatel) o el farmacéutico (Aventis) recogerían más claramente dichas oportunidades.
El caso español es ligeramente diferente al europeo, en cuanto que la subida bursátil de los últimos cuatro años ha venido potenciada por las operaciones corporativas que se han ido abriendo en el mercado. En ese sentido, cabe ser prudentes a la hora de elegir los valores de compra. El IBEX 35 presenta para final de año un potencial de valorización del 9% respecto a su valor fundamental. Sin embargo esto se aplicaría a una minoría de las empresas del índice español, como el Santander, el BBVA y Telefónica.