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Viernes 16 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 19:39 PM
El fallecimiento hace pocas fechas de Milton Friedman ha generado muchos análisis de sus aportaciones. Se ha resaltado su papel de defensor de los mercados libres como forma no sólo de asignar recursos sino de funcionamiento de la sociedad basado en ampliar la “libertad de elegir” de las personas. Y asimismo se han resaltado sus críticas a las intervenciones del sector público en economía para tratar de “regular” el nivel de actividad económica o la inflación, que, según Friedman, podían acabar agravando los problemas en vez de resolverlos, y argumentando a favor de “reglas, y no discreción” de política económica, como un crecimiento sostenido, moderado y estable de la cantidad de dinero.
Conviene recordar que buena parte de las ideas de Friedman, como de toda su generación, estaban marcadas por la experiencia de la década de los 30 del siglo XX, en que la “Gran depresión” azotó a las economías industrializadas, con Estados Unidos al frente, llevando a tasas de desempleo del 25%. Lo peor de esa crisis es que todavía se sigue discutiendo cuáles fueron sus causas profundas, algo esencial para garantizar que no se repetirá. La opinión de Friedman al respecto fue expuesta en un gran libro “A Monetary History of United States” (en colaboración con Anna Schwartz) y se resume en el título de una sección: “¿Por qué fue tan inepta la política monetaria?”.
Esta interpretación concede un papel central a la política monetaria contractiva que se siguió al inicio de la crisis y que privó de liquidez y crédito a la economía en el momento en que más falta hacía. Una falta de liderazgo en el entonces joven “Sistema de la Reserva Federal” y el dominio de concepciones de la política monetaria más basadas en la ortodoxia vigente que en la estabilización de la actividad económica transformaron una incipiente crisis bursátil en una gran depresión. A veces determinadas declaraciones de “ortodoxia” de algunos responsables del todavía joven “Banco Central Europeo” recuerdan esos “pecados de juventud” de la Reserva Federal que tan caros salieron.
“Determinadas declaraciones de ortodoxia de algunos responsables del Banco Central Europeo recuerdan a los pecados de juventud de la Reserva Federal que tan caros salieron”
Pero la explicación de Friedman compite con otras interpretaciones de los factores fundamentales de la crisis de los 30, aunque en mi opinión se trata de argumentaciones complementarias más que contrapuestas. Algunas de ellas suenan especialmente “modernas”. Por un lado el agotamiento de un ciclo expansivo del sector inmobiliario que tras unos largos años de auge en la década de los “felices años 20” se encontró con una contracción de la “demanda efectiva”. Y por otro el descenso del avance demográfico, asociado a la entrada en vigor de normas restrictivas de la inmigración que hasta mediados de los años 20 suponían una gran entrada de fuerza de trabajo y de nuevos consumidores en la economía estadounidense, unos estímulos cuya desaparición tuvo un impacto asimismo contractivo sobre la actividad económica. Todo ello combinado para producir – tras una época de crecimiento y euforia - una caída en los precios de los activos bursátiles e inmobiliarios. ¿Les suenan estos posibles escenarios, que, según los sabios, no pueden volver a pasar ni en Estados Unidos ni en ningún otro lugar más cercano?
Afortunadamente, uno de los mejores analistas de esa época, y en especial de la importancia de los mecanismos de crédito para mantener “lubrificada” una economía también (y especialmente) en épocas de dificultades, ha sido el profesor Ben Bernanke, desde hace un año aproximadamente Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Esperemos que, si llega el caso, aplique las amplias lecciones que se derivan de su actividad académica.