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Martes 13 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 15:59 PM
Hay muchas empresas que celebran aniversarios de su fundación, los 10 años, los 25, los 50, algunas los 100 años y ya muy pocas superan esta cifra. Nos podemos preguntar el porqué dejan de existir las empresas y porqué en algunos casos su ocaso no tiene remedio. Las respuestas son múltiples. Con las personas ocurre algo similar, en un momento dado profesional o socialmente pueden entrar en decadencia. Por ejemplo este sería el caso de una persona con un trabajo bien remunerado e interesante y que en un momento dado antes de su jubilación pierde su trabajo y no vuelve a encontrar nada parecido a lo que tenía o bien haya perdido una parte importante de sus ahorros por una mala inversión. En ambos casos cuando ha ocurrido el desastre, la pregunta y la respuesta son similares: ¿cómo es posible que no lo previera y no hubiera pensado nunca que esto me ocurriera a mí?
Estas situaciones se dan porque en un momento dado cuando hay que tomar una decisión no hay la capacidad en las personas y en las organizaciones empresariales de tomar la decisión correcta. En algunos casos incluso puede ocurrir que ni sepan que tienen que tomar una decisión. En líneas generales lo importante es que sean las personas y las empresas las que controlen la situación y no al revés y para controlar la situación hay que prever los cambios de situación y asumirlos. Por lo tanto parece clara que la solución para sobrevivir o mejorar es dotar a las personas y a las organizaciones de la capacidad de predecir y asumir los cambios.
La especie humana si alguna cosa se le puede reconocer a lo largo de la historia es su capacidad de adaptación a los cambios. Cuando hablamos de cómo queremos que sean nuestros hijos, una de las cosas que decimos es que estén preparados para afrontar las situaciones no previstas que a lo largo de una vida se suelen producir. Probablemente con una buena educación, que entre cosas les debería dotar de la capacidad de aprendizaje, esto se consiga. Lo realmente difícil es dotar a las personas de la capacidad de predicción, y no me refiero a que posean dotes paranormales.
Si tuviera que definir esta capacidad y más concretamente en el ámbito de lo que estoy comentando, diría que se trata de saber escoger en una encrucijada uno de los caminos, no tiene porque ser el mejor, que nos conducirán a un “estado superior o igual” del que proveníamos. La clave está evidentemente en el “saber escoger”. Las variables que hay que tener en cuenta para tomar la decisión adecuada son muchas, lo importante es no dejarse ninguna de las determinantes (sean buenas o malas) e ignorar las que no forman parte de la solución que son la mayoría y que de alguna manera pueden confundirnos.
Además hay otro factor importante a tener en cuenta que es la celeridad en tomar la decisión, porque no solo se trata de tomar la decisión adecuada sino que además hay que tomarla a tiempo. También hay que plantearse la posibilidad del error y cuando optemos por un camino deberíamos garantizarnos el retorno a la situación anterior si la decisión tomada no ha sido la correcta, no es prudente optar por un camino sin retorno.
En el mundo de la empresa el método a seguir es muy similar al que siguen o deberían seguir las personas; sin embargo, en la empresa el número de variables a tratar suele ser muy superior y los valores de algunas de estas variables solo son posibles de obtener mediante la ayuda de programas informáticos, por ejemplo los programas de data mining que permiten predecir futuras tendencias y comportamientos a partir del análisis de un gran conjunto de datos y además se requiere disponer de la información con celeridad. Pero a veces la conclusión puede ser que no hay ningún camino adecuado y por lo tanto en este caso concreto hay que añadir nuevas variables al análisis para encontrar un nuevo camino. Estas son las grandes decisiones que hay que saber tomar.