Su denominación proviene de la traducción de venture capital o capital riesgo, y su finalidad la de financiar proyectos empresariales. Esta actividad que tuvo su origen en EUU tras finalizar la Segunda Guerra Mundial se implantó con posterioridad en la mayoría de los países industrializados de Europa, a principios de los años 60 del siglo pasado.
El private equity (PE), está experimentando un desarrollo importantísimo, a través de sus fondos, que se nutren de ingentes cantidades de dinero que buscan mayores rentabilidades que las que ofrecen las Bolsas, sobre todo en la modalidad de fondos de capital riesgo o funds equity.
La operación más habitual es el buy out (comprar y salir) de la que derivan los MBO, LBO y otras modalidades. Consisten en elegir una empresa, estudiarla a través de una due dilligence, adquirir un porcentaje, sacarla de cotizar en Bolsa, enderezarla para reconvertirla y hacerla más rentable por la ventaja que supone el que el propio fondo aporta también directivos profesionales.
Llegado el vencimiento convenido, el fondo plantea su desinversión que puede hacerla a través de: venta a terceros, revenderlos a otras sociedades de capital riesgo o revender la participación a los antiguos titulares del negocio.
"El private equity puede actuar como puente hasta la consolidación óptima de la empresa reconvertida"
Si esa operación culmina con el éxito pretendido, la plusvalía puede llegar a ser muy importante. Según datos de la EVCA (Asociación Europea de Capital Riesgo), la rentabilidad media neta a lo largo de los últimos quince años se puede evaluar alrededor del 10,5%, si bien las mejores gestoras han conseguido hasta el 30%.
Otro motivo por el que recurrir a esa modalidad proviene del hecho de que muchas empresas que desean salir a cotizar en Bolsa, aceptan la participación de private equity a fin de consolidar su estructura financiera, antes de lanzar una OPV o ampliación de capital, aprovechando los servicios de la PE que actúa como puente hasta la consolidación óptima de la empresa reconvertida.
La inversión en fondos de capital riesgo ha crecido de forma sostenida a lo largo de la última década. En un alto porcentaje de las concentraciones empresariales que se registran casi a diario en todo el mundo, el papel de los fondos de PE es fundamental. En lo que va de año se han anunciado compras por valor de 1,5 billones de euros, un 60% más que en el año 2006 que ya fue un record.
En España, la inversión en PE, se ha triplicado en el período comprendido entre los años 2002 y 2006, pasando de 960 a 2.700 millones de euros. En Europa los fondos de capital riesgo alcanzado la cifra de 90.000 millones en 2006 y en los últimos diez años, el sector movió 406.000 millones de euros.
"La adquisición de empresas a través del apalancamiento seguirá una meteórica línea"
El pasado 2.006 marcó un record en el sector mundial de fondos de capital riesgo, al alcanzar la cifra de 722 fondos y 333.000 millones de euros equivalentes a 453.000 millones de dólares. Las previsiones para el presente año se acercan a los 1.000 fondos y a cerca de 500.000 millones de dólares, lo cual pone en evidencia que la adquisición de empresas a través del apalancamiento seguirá en esa meteórica línea.
Dada la enorme liquidez, la buena situación de la economía, los bajos tipos de interés y unos mercados dinámicos y globalizados y, en el caso de España la nueva Ley de capital riesgo de 2005 que mejoró la fiscalidad y suprimió ciertas trabas administrativas, el futuro del PE parece imparable.
Sin embargo, esta modalidad en eclosión presenta sus nubarrones. Se les suele atribuir que su objetivo consiste en conseguir los máximos resultados y generar el mayor valor posible, acusándoles que sus estrategias y principios distan, con frecuencia, de las que aplican habitualmente las empresas cotizadas, sobe todo en lo referente a vocación de los directivos y, poco interés por la Responsabilidad Social Corporativa, amén de una política de comunicación inexistente e incluso al margen de los sindicatos o representantes del personal.
Ese nuevo “paradigma” ha levantando una cierta alarma que, incluso, ha inducido al Parlamento Europeo a redactar un informe crítico, aunque con un objetivo estimulante para un sector que crece extraordinariamente.