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Martes 02 del Diciembre de 2008 — Actualizado a las: 18:03 PM
Frente a los continuos mares de fondo de una crisis que afecta a todos los sectores, el mundo del lujo parece continuar observándolo todo desde una posición privilegiada.
El lujo no entiende de crisis y así lo ha demostrado el Consejero Delegado del buque insignia del exclusivismo francés, el grupo LVMH. Bernard Arnault ha confirmado que, a pesar de la desaceleración y la fuerte apreciación del euro frente al dólar, el grupo ha cerrado el primer trimestre del año con unos beneficios superiores a los 4.000 millones de euros, un 12% más que en el mismo periodo del año anterior. Con estas cifras el equipo directivo de LVMH, propietario de firmas tan prestigiosas como Moet & Chandon, Louis Vuitton o Christian Dior, cree firmemente que su potencial de crecimiento les permitirá duplicar ganancias en los próximos cinco años y es que según ha expresado el propio Arnault el grupo "está bien posicionado para cumplir el objetivo de un crecimiento sensible de los beneficios en 2008"
Las marcas de lujo parecen estar viviendo unos años dorados y así lo demuestran estudios como el de la prestigiosa revista Forbes que ha elaborado una lista con las marcas de este sector más valiosas del mundo. Según esta lista Louis Vuitton, con un valor cercano a los 16.600 millones de euros, es la primera firma de lujo más valiosa. Pero no está sola, le siguen Hermès con un valor estimado en 6.200 millones de euros, Gucci (6.033 millones de euros), Cartier (6.000 millones de euros) y Chanel (5.600 millones de euros).
"No es cuestión de despilfarro, sino una lección de estilo"
En cuanto a la procedencia de consumidores de lujo es bastante sorprendente ver como los consumidores españoles son los segundos en el ranking de europeos que más gastan en este tipo de producto. El siguiente país en la lista es Reino Unido seguido en tercera posición por Alemania, y paradójicamente, Francia es de los mercados donde los consumidores gastan menos en productos de lujo. Los nuevos mercados emergentes en los que las grandes firmas tienen puestos sus ojos como Rusia, China o India, representan ya el 8% del gasto mundial del lujo. Estos consumidores son muy distintos a los tradicionales ya que lo que principalmente buscan es el símbolo y el logo que predomine sobre el diseño.
Recientemente se daba a conocer el resultado de una encuesta en la que los consumidores elegían la marca que más desearían poseer si su precio no fuera un impedimento, el resultado fue Gucci con una mayoría aplastante. Las firmas son objeto de deseo y por eso se venden a un público que desea poseerlas cueste lo que cueste. Con los perfumes y los accesorios asistimos a la democratización del lujo, todo el mundo puede poseer un producto de gama alta desembolsando una módica cantidad de dinero pero este publico desaparece cuando llega una época de “vacas flacas” y eso las marcas lo saben pues pese a fuertes retrocesos en la economía mundial, una parte de la sociedad es capaz de continuar gastando grandes cantidades en artículos de lujo.
Tras conseguir convertir muchos bolsos y zapatos en commodities y productos “must have” ahora llega el momento de la verdad, el momento de los que sí pueden; hasta que se vuelva a reactivar la economía y las masas decidan una vez más guardar un tercio de su sueldo para comprar un bolso que grite al mundo entero qué lugar ocupan en el mundo. No es cuestión de despilfarro, sino una lección de estilo.
Larga vida al lujo…