Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 05 del Septiembre de 2008 — Actualizado a las: 17:35 PM
Aumentan los avisos de que las consecuencias de la globalización son de mucho más amplio alcance de lo que todavía la mayoría sospecha. Alan Blinder, de la Universidad de Princeton, desde el rigor académico ("Fear of Offshoring: the Next Industrial Revolution?" en Foreign Affairs, abril 2006), y Alvin y Heidi Toffler de forma más mediática (La Revolución de la Riqueza, 2006) recuperan el término (desgastado por el abuso) de "revolución" para referirse a las implicaciones no sólo económicas y empresariales sino sociales, políticas y culturales del mundo más abierto y "plano", en que los productos, tareas y servicios se pueden (re)localizar en prácticamente cualquier parte del Planeta. Estos analistas insisten en que no se trata de una "mera extensión" de la internacionalización ni sólo de unas modificaciones de las "reglas del juego" empresarial, sino que grandes ámbitos de los estilos de vida, y no sólo de trabajo, se verán – se empiezan ya a ver - profundamente alterados.
“Los grandes ámbitos de los estilos de vida y no sólo de trabajo, se verán profundamente alterados”
Las ganancias de eficiencia y rentabilidad que propicia la globalización están ahí. Con sus oportunidades y sus riesgos. Los movimientos corporativos de gran alcance de los últimos tiempos - y lo que nos queda por ver - dan la razón a los Toffler cuando escriben que "El futuro está aquí y no es para los pusilánimes". Se reconoce asimismo la importancia y necesidad creciente del conocimiento, del "talento". The Economist dedica su reciente monográfico a la "búsqueda de talento" y al análisis de su escasez…que lo revaloriza. Es un tema complejo que obliga a evaluar cuál o cuáles son los tipos de "talentos" que necesita este mundo globalizado, en términos de creatividad, innovación científico-tecnológica, detección de los cambiantes gustos, preferencias o necesidades de los "nuevos consumidores". Se revalorizan los "superstars" en los ámbitos empresariales y mediáticos. Los estudios recientes sobre distribución de la renta muestran una mayor polarización, a favor del segmento más alto al que se incorporan los enormes ingresos que proporciona estar en el momento y lugar adecuados o proveer el activo adecuado en este mundo en (r)evolución: Madonna y Google-YouTube, Mittal y Zhang Yin, son algunas de las referencias.
Pero uno de los éxitos de Madonna nos recuerda otra dimensión esencial. "Living in a material world", repite una de sus primeras canciones ("Material Girl"). Aparte de consideraciones sobre los valores de moda, nos sirve para recordar que en los últimos tiempos la evolución de los precios de materias primas -ingredientes esenciales en determinadas industria tecnológicamente sofisticadas - y asimismo el petróleo, ha tenido en vilo a las economías. Esta cruda "base material" de la economía ha pasado a primer plano por consideraciones "geoestratégicas" pero asimismo como resultado del éxito de la economía global en economías emergentes, algunas de las cuales aumentan sus inversiones exteriores para garantizarse adecuados suministros.
La virtualidad, el conocimiento, el talento, son decisivos activos "inmateriales" movilizadores de riqueza y grandes creadores de oportunidades. Pero también debemos recordar que vivimos en un "mundo material", aunque a la gente no le gusta escuchar esto, y la prueba es que cada vez que por algún motivo se "relaja" la presión al alza del petróleo o las materias primas parecen olvidarse amnésicamente las preocupaciones que angustiaban meses antes. Pero debemos aprender de estos avisos. La "Madonna superstar" referente del modelo de triunfo global nos lo recuerda: éste es - también - un mundo material.