¿No era EE.UU. la que estaba en crisis?
Los problemas a los que se enfrenta la economía son de sobra conocidos. El sistema financiero está enfermo por la concesión irresponsable de créditos hipotecarios que ahora no se pagan, generando incrementos de morosidad y amortizaciones masivas de activos irrecuperables por parte de los bancos. Se ha frenado la concesión del crédito tanto a empresas como a particulares, poniendo una traba adicional a la recuperación económica. A pesar del retroceso del precio del petróleo en las últimas semanas, el incremento interanual del barril sigue alimentando tasas excesivas de inflación.
El crecimiento económico global se ralentiza y de hecho, en contra de lo que se esperaba hace unos meses, parece que la desaceleración es mayor fuera de EE.UU. En el segundo trimestre la economía americana creció a un ritmo más que razonable para un país en crisis; tuvieron mejor suerte que alemanes, japoneses, italianos, franceses o los habitantes de Hong Kong. Todas estas economías tuvieron un crecimiento negativo en el segundo trimestre. España se encuentra en el pelotón de países cuya economía se libró de las caídas, pero apenas mostró incremento de actividad. Le acompañan el Reino Unido y Holanda. Las bolsas se han comportado en consecuencia. Desde mediados de abril el mercado norteamericano ha mejorado en un 10% el comportamiento del mercado europeo y asiático.
"La bolsa en septiembre decepcionará tanto a inversores alcistas como a los más bajistas"
Pero con estos antecedentes ¿Qué podemos esperar de la bolsa en septiembre? Francamente, creemos que el mes decepcionará tanto a inversores alcistas como a los más bajistas. Las noticias positivas no son lo suficientemente frecuentes como para que nos olvidemos de la inflación y la crisis económica, y además tenemos que sortear algunos obstáculos en el corto plazo con los que no contábamos hace unos meses: la crisis del Cáucaso, el rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, la guerra dialéctica entre McCain y Obama y la resaca de las Olimpiadas en China.
Por tanto, la apuesta más firme es que nos vamos a quedar enganchados en un rango muy lateral, con el Ibex fluctuando entre los 11.000 y los 12.000 puntos, el SP 500 entre los 1.250 y los 1.450 y el EuroStoxx 50 entre los 3200 y los 3500 puntos. Son rangos lo suficientemente amplios para hacer dinero, pero hay que estar pendiente del mercado. Todavía no es momento de deshacer los depósitos para lanzarse a comprar bolsa. No porque la bolsa esté cara, sino porque la economía va mal y además, los tipos de interés no han empezado a bajar.
Seguimos esperando la ayuda del Banco Central Europeo. La razón por la que la bolsa americana lo está haciendo mejor que la europea es que sus tipos de interés están al 2,00% y los nuestros al 4,25%. No creo que haya que darle más vueltas. Asi que, mientras las cosas no cambien y el BCE no se muestre claramente dispuesto a bajar tipos, no veo una ruptura al alza en los rangos mencionados por el mercado. Cuando el BCE cambie su discurso veremos un rally, y además, será un rally liderado por el sector financiero, el más castigado hasta la fecha. Hay quién ya se está posicionando, aunque hay que tener el estómago suficiente porque los resultados del tercer trimestre en banca van a ser malos.
¿Una apuesta? El dólar. El cambio de tendencia iniciado a primeros de agosto parece definitivo con un primer objetivo de 1,40 euros por dólar, para luego llegar a 1,35.
¿Una fecha clave? El 4 de septiembre. Se reúne el Banco Central Europeo y no se esperan movimientos en los tipos, pero quizás Trichet tenga algo interesante que decir acerca de que el PIB americano crezca un 3,3% anualizado, mientras que el de la Eurozona cae un 0,8%. ¿No era EE.UU. la que estaba en crisis?