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Miércoles 19 del Noviembre de 2008 — Actualizado a las: 18:59 PM

Director: Humberto Salerno

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OPINIÓN
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Paseando por París
Alvaro Laforet

Director de WOW Time Media

06/08 Muchas veces nos afanamos por visitar una ciudad corriendo, ya sea por el poco tiempo del que disponemos para visitarla o por las múltiples rutas que ésta nos ofrece. Sin embargo, disfrutar de cosas tan simples como pasear, comer en buenos restaurantes y dormir en preciosos hoteles, nos muestra una ciudad más secreta y desconocida.
 

Siempre que hablamos de París lo hacemos de sus monumentos, museos, edificios… de lo monumental y majestuosa que resulta para el visitante la ciudad. Pero este viaje a la capital francesa fue diferente, ya que tras muchas visitas a la ciudad del amor, esta vez fui simplemente con mi pareja a pasear.

Un fin de semana romántico en el que no faltaron los mejores y más selectos restaurantes y clubs, y un hotel de lo más espectacular, La Trémoille. Muchas veces nos afanamos por visitar una ciudad corriendo, ya sea por el poco tiempo del que disponemos para visitarla o por las múltiples rutas que ésta nos ofrece. Sin embargo, disfrutar de cosas tan simples como pasear, comer en buenos restaurantes y dormir en preciosos hoteles, nos muestra una ciudad más secreta y desconocida. Aunque a veces cueste algo más de lo previsto, vale la pena.

Mi fin de semana comenzó al salir un viernes por la tarde de Barcelona con rumbo a París. Tras una hora y media de vuelo, desembarcamos en el siempre majestuoso aeropuerto de Charles de Gaulle, donde nos recogió un chofer que el hotel puso a nuestra disposición. Camino del elegante establecimiento, ubicado en el 8ème arrondisement, pudimos ver el movimiento vespertino de este distrito conocido como el Triángulo del Oro, formado por los Champs Elysees, la Avenue George V y la Avenue Montaigne.

Cansados, pero ilusionados por disfrutar de un fin de semana romántico, llegamos a La Trémoille, uno de los hoteles más lujosos y bonitos que ofrece la capital. Recibe este nombre por ser el antiguo palacio del Duque de La Trémoille y en su decoración combina perfectamente las reminiscencias del pasado con toques contemporáneos. Todo ello le convierte en un hotel mágico, que ha alojado a grandes figuras de la música como Duke Ellington o  Louis Armstrong.

"Qué mayor disfrute que aprovechar mañana dominical para desayunar en un terracita parisina, al sol, leyendo la prensa"

Cuando llega la hora de cenar, nos decidimos por el nuevo restaurante del hotel, el Louis2. Una carta sofisticada y muy propia de la nouvelle cuisine que nos muestra sabores nuevos y exóticos, al servicio de los paladares más exigentes. Tras la cena, una parpadeante Torre Eiffel nos guía, bordeando el Sena, hasta Trocadero para ver una de las vistas más emblemáticas de la ciudad, la Torre iluminada ante el Campo de Marte y el Palacio de Los Inválidos.
 
La mañana siguiente, no se nos ocurre nada mejor que pasear por los alrededores del hotel.  La Avenue Montaigne se extiende ante nosotros como la calle más sofisticada de la ciudad con sus tiendas flanqueadas por cuidados jardines, cafeterías y el mítico Hotel Plaza Athénée. Allí es muy posible cruzarse con celebrities y socialites del mundo entero, que entran y salen de las tiendas más exclusivas como, la recientemente reformada y de visita obligada, chez Dior.

Paseando dirección Place de Vendôme, reservamos una mesa para almorzar en la terraza del Hotel Costes, en Rue Saint-Honoré. El hotel que alberga este paraíso gastronómico, es famoso por sus sesiones de música que le convierten en uno de los templos de la modernidad parisina. Tras el exquisito almuerzo,  una rápida visita a Colette y 20 minutos de espera para comprar macarons en Ladurée. Por la tarde, nada mejor que un paseo por el barrio de Saint Germain, el barrio de los artistas y bohemios, lleno de tiendas de decoración y anticuarios. Sus pequeñas calles son bucólicas y sus terracitas hermosas, hasta el punto que invitan a pasar horas viendo la gente pasear en compañía de un buen café.

Recuperados del largo paseo, en una de las terrazas de este barrio, regresamos para cambiarnos e ir a cenar a un restaurante espectacular, el restaurante Kong. Diseñado por Philippe Starck, el local ocupa las dos últimas plantas de la boutique del diseñador Kenzo, en el número 1 de la Rue du Pont Neuf. Todo el restaurante y sus comensales desprenden diseño y sofisticación, pero lo más impactante es su gran cúpula de cristal desde la cual se contempla el Sena, el Pont Neuf y las oficinas centrales de Louis Vuitton. Después de una cena, muy correcta, nos trasladamos a la planta inferior, donde pudimos bailar al ritmo de la música de DJ Béatrice Ardisson mientras disfrutamos de unos cócteles exquisitos. Decidimos acabar la noche en el mítico club de Le Marais, Les Bains Douches.

Nuestro último día lo dedicamos a pasear por la orilla del Sena hasta Les Tuileries. Qué mayor disfrute que aprovechar mañana dominical para desayunar en un terracita parisina, al sol, leyendo la prensa. Son horas de tranquilidad, paz y silencio que sirven de desconexión antes de reanudar, con melancolía, la vuelta a casa.





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