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Lunes 12 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 18:08 PM
Y de repente... la Navidad. Qué horror, ya ha pasado un año. Esta sensación de que el tiempo pasa volando la tienen muchas personas. Sin entrar en el aspecto filosófico del tema, y para evitar deprimirles, me voy a centrar en el contexto empresarial donde a estas alturas del año muchas empresas no han hecho los deberes y ahora vienen las prisas.
Es verdad que la dirección por objetivos tiene sus ventajas, y probablemente sea una de las fórmulas para que las empresas tengan más control y acaben teniendo beneficios. Pero también es verdad que para cumplir los objetivos en muchas ocasiones se suelen tomar decisiones que durante el resto del año no se habían tomado por considerarlas inapropiadas.
La paradoja es que el mercado conoce esta situación y por lo tanto también se aprovecha de ello. Me explico, si una empresa sabe que un proveedor cuando cierra el trimestre o el ejercicio fiscal es capaz de ofrecerles mejores condiciones, lo que hace habitualmente es planificar sus pedidos para esta época. También es verdad que para contrarrestar esta situación, las empresas suelen variar estas ofertas, en ocasiones son regalos como viajes o productos, otras son descuentos especiales, y otras son condiciones de pago diferidas y por lo tanto no siempre el cliente le interesa acogerse a la oferta.
Sin embargo, y a pesar de todo, hay muchas empresas que se aprovechan de estas ventajas. Pero tanto para la empresa que tiene que ofrecer estas condiciones especiales para cumplir los objetivos previstos, como para el comprador que se espera a que se produzcan estas condiciones, no me parece que se trate de una estrategia empresarial demasiado rentable, aunque aparentemente lo parezca.
Cuando una empresa necesita un producto o un servicio, tiene que valorar si le vale la pena esperar a una hipotética oferta en el futuro para decidir si compra o no. El ahorro en valor absoluto en muchas ocasiones es inferior al rendimiento que se obtiene tomando la decisión en el momento oportuno. Por otra parte las empresas que tienen que hacer estas ofertas especiales para cubrir sus objetivos en el último instante, deberían plantearse si esta estrategia a la larga les va a suponer mas bien un problema que una ventaja. Los clientes se pueden preguntar si durante los otros periodos del año, el proveedor no les ha tomado el pelo ya que si se puede permitir el lujo de plantear estas condiciones... ¿por qué no lo ha hecho durante todo el año?.
En definitiva, igual que a nuestros hijos les decimos que los deberes hay que hacerlos cada día y no esperar al último momento porque a lo mejor ya no llegan a tiempo de aprobar, las empresas deberían hacer lo mismo y no pensar que aplicando una estrategia de choque en el último instante podrán cumplir con sus objetivos.