La Unión Europea empieza a superar la desmoralizante parálisis que padeció a partir de la segunda mitad del 2004. Después de ampliarse a diez nuevos países en mayo del 2004, la UE y algunos de sus principales socios se sumieron en una profunda crisis. En lugar de limitarse a ajustar los tratados para permitir adaptar las instituciones de la Unión a la existencia de 27 miembros, las élites europeas se complicaron innecesariamente la vida lanzando la Convención Constitucional, un proyecto excesivamente complicado, burocrático al que el ciudadano medio con razón no le encontró utilidad en la resolución de sus problemas cotidianos.
La UE ha ido a la deriva durante dos años. La perspectiva financiera (presupuesto) del 2007-13 aprobada bajo presidencia británica fue un apaño que no recortó el gasto menos productivo (subvenciones a PAC y fondos estructurales) para reorientarlo al destinado a fomentar la competitividad, escatimó recursos a los nuevos socios y fue incapaz de eliminar el anacrónico cheque británico.
"Uno de los retos del proceso de construcción europea es la dificultad de formar constelaciones políticas europeas duraderas"
Uno de los retos inherentes del proceso de construcción europea es la dificultad de formar constelaciones políticas europeas duraderas y proclives a la toma de decisiones. La nula sincronización de los ciclos electorales entre los estados miembros (EM) provoca que algún estado miembro de peso siempre esté a las puertas de una contienda electoral, circunstancia que impide que su gobierno tome decisiones a nivel europeo que se puedan interpretar como concesiones en clave nacional. Formada la gran coalición en Alemania en octubre del 2005, la UE tuvo que esperar a la celebración de elecciones generales en Italia, los Países Bajos, Suecia, Austria, Finlandia, Hungría, Chequia y Eslovaquia durante 2006 y 2007 para poder contar con un panorama político mas despejado.
Celebradas ya las elecciones francesas, la UE gozará de una ventana de oportunidad en la cual ningún EM importante (salvo España) deberá previsiblemente enfrentarse a unas elecciones generales hasta el 2009. ¿Como deberían aprovechar los líderes europeos esta ventana de oportunidad?
En materia de tratados, y muy a pesar de los deseos de los países más federalistas, el máximo común denominador que podrán aceptar los 27 estados miembros es un documento que fije el peso de los distintos EM en las distintas instituciones. Cualquier propuesta más ambiciosa naufragará en los escollos euroescépticos que suponen Reino Unido, Chequia y Polonia. Consciente de esta realidad, la canciller alemana Merkel intenta rescatar de la fracasada Constitución los mencionados elementos y propiciar un proceso de ratificación que culmine antes de las próximas elecciones al Parlamento Europeo de junio del 2009.
"La única manera de salir de este atolladero es encarar el problema con imaginación y voluntad política"
La hoja de ruta institucional marcada por Merkel es razonable. Su único defecto es que no aborda el dilema existencial que mina el proceso de construcción europea desde hace medio siglo: si el objetivo final del proceso es la consecución de una verdadera unión política y económica que asuma amplias competencias en ámbitos políticos (justicia, política exterior y de seguridad), económicos (transportes, energía, industrial, agrícola, pesca, mercado interior) y sociales (laboral, formación, sanidad, medio ambiente) o sencillamente un mercado común. La segunda opción es la que siempre ha defendido a ultranza Londres, que a partir de las ampliaciones de 1995 (Austria, Suecia, Finlandia) y del 2004 cuenta con diversos estados miembros que comparten su planteamiento. Desde el punto de vista de los países más federalistas (los seis fundadores de la CEE, España, Portugal, Grecia), las ampliaciones de 1973, 1995 y 2004 han facilitado la entrada de un verdadero caballo de Troya en la UE en la forma de EM que obstaculizan cualquier intento de profundizar en la integración política y económica.
La única manera de salir de este atolladero es encarar el problema con imaginación y voluntad política. Con el objetivo cronológico del 2014 (siguientes elecciones al Parlamento Europeo), los líderes europeos deberían plantear directamente a los ciudadanos qué tipo de UE desean. Dicha consulta se celebraría en la misma fecha en todos los EM de la UE y en ella se ofrecerían a los ciudadanos dos opciones: a) mercado común b) Unión política y económica y utilización de mayoría cualificada en todos los ámbitos.
Los EM se comprometerían de antemano a que la opción elegida por un determinado porcentaje de ciudadanos y/o países sería vinculante. A los países defraudados con el resultado se les ofrecería la opción apuntarse a la opción vencedora o negociar su salida de la UE pero permaneciendo en el Área Económica Europea.
Esta propuesta tendría múltiples ventajas. Obligaría a partidos, organizaciones y gobiernos a posicionarse de manera clara; marcaría de forma democrática y duradera el rumbo a seguir por la UE, eliminando el actual déficit democrático que arrastra la integración europea desde su génesis. Daría una salida digna y europea a los países euroescépticos y permitiría a los federalistas avanzar sin tener que simplificar excesivamente el entramado institucional con cláusulas de opt-out.
Para más información
- The end of the cold war: German reunification (Editorial Aranzadi, 2007)
En este trabajo Alexandre Muns analiza y describe las fuerzas políticas, económicas y sociales y el papel desempeñado por los políticos y los altos funcionarios de Estados Unidos, la antigua Unión Soviética, la República Federal de Alemania, la República Democrática Alemana (RDA) y otros países, que permitieron a la diplomacia internacional alcanzar el éxito histórico de la reunificación pacífica de Alemania en menos de un año como estado completamente soberano y democrático.
A través de entrevistas con muchos de los protagonistas de las negociaciones, se revela cómo los poderes occidentales aprovecharon la oportunidad presentada por la revolución democrática popular en la RDA en 1989 para dirigir la reunificación alemana en los términos en gran parte favorables al Oeste.