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Viernes 05 del Septiembre de 2008 — Actualizado a las: 17:35 PM

Director: Humberto Salerno

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OPINIÓN
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Rajan y el regreso a Howard’s End
Joan Tugores

Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona

01/07 La argumentación de Rajan, Economista y Director de Investigación del FMI, a favor de que la mejor fuente de suministros seguros son mercados mundiales eficientes y transparentes resulta casi ingenua cuando la realidad en Europa es estas semanas los “juegos mezquinos” en los suministros de gas y petróleo entre Rusia y Europa.
 

Raghuram Rajan, un economista mucho más imaginativo y creativo que la media, ha aprovechado las últimas semanas de su ya finiquitado período como Economista y Director de Investigación del FMI para trascender de los análisis coyunturales habituales para ofrecer algunas reflexiones sobre los temas importantes – y no (sólo) urgentes – sobre el futuro de la economía mundial. Sus consideraciones tienen en común la interrelación a menudo conflictiva entre racionalidad de interés general y los poderosos intereses sectoriales, y cómo éstos suelen acabar imponiéndose.

“Las consideraciones de Rajan tienen en común la interrelación conflictiva entre racionalidad de interés general y los poderosos intereses sectoriales, que se suelen imponer”

Así se constata cómo, por amplia que sea la retórica globalizadora (multilateralismo, libertad de mercados, etc.) cuando se negocian temas de razonable liberalización, al llegar al “núcleo duro” de ámbitos que entran en conflicto con intereses realmente poderosos (de verdad, no los de los ciudadanos) las cosas cambian. Entonces “el multilateralismo se bate en retirada”, tanto en los ámbitos comerciales (políticas agrícolas, etc.) como en los financieros, como evidencian los mecanismos político-empresariales que bloquean con éxito inversiones exteriores en sectores que se definen como “estratégicos” en cuanto afectan a esos grupos poderosos.

Es realista entender que esos intereses pasen por encima de la pura racionalidad de los defensores de la racionalidad de los mercados, pero Rajan insiste en que este “neomercantilismo” con toques neo-nacionalistas tiene el efecto de todos los mercantilismos: convertir en un juego de suma cero lo que deberían ser negocios de “suma positiva”, con resultados a medio plazo conflictivos y/o empobrecedores para todos.

“El neomercantilismo con toques neo-nacionalistas tiene el efecto convertir en un juego de suma cero lo que deberían ser negocios de suma positiva”

Asimismo Rajan ha desempolvado recientemente las analogías de algunos comportamientos presentes con el “Gran Juego”, denominación que algunos dieron en el siglo XIX a la pugna por el acceso privilegiado y control de países esenciales para el aprovisionamiento de materias primas esenciales, incluidas las energéticas, entre Gran Bretaña y Rusia sobre todo. Ciertamente la carrera de China sobre todo para garantizarse tanto en América Latina como en África contratos comerciales privilegiados, a menudo con contrapartidas inversoras y políticas importantes, y mejorando ofertas o prácticas de las potencias occidentales,  constituye – junto con las reacciones de toda índole de esas potencias -  un aspecto visible de esta dimensión del “Gran Juego” en que se ha convertido el ascenso hacia la supremacía económica – y, según algún previsible guión, política – en la esfera internacional de China y Asia.

Aunque desde la “realpolitik” no deja de ser llamativo, casi ingenuo, seguir la argumentación de Rajan a favor de que la mejor fuente de suministros seguros son mercados mundiales eficiente y transparentes, cuando las realidades incluso en la cercana Europa son estas semanas los “juegos mezquinos” en los suministros de gas y petróleo entre Rusia y Europa oriental y occidental…que al menos tienen el benéfico efecto de activar la búsqueda de alternativas energéticas fuera del alcance de las “satrapías” del gas o del petróleo.

Cuenta E. M. Foster en su celebrada obra “Howard’s End” (cuya versión cinematográfica “oscarizó” a Emma Thompson en 1993) cómo una anciana dama inglesa que asistía con estupor al declive del imperio británico, se horrorizaba de la facilidad con que su joven sobrina cambiaba el destino del patrimonio heredado hacia inversiones en “cosas extranjeras” y la disuadía de hacerlo. Hoy el lenguaje es más postmoderno, pero esas “actitudes” ocupan hoy puestos clave en los gobiernos, consejos de administración y organismos reguladores.



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