Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 05 del Septiembre de 2008 — Actualizado a las: 17:35 PM
¿Sólo se aprende haciendo? Seguramente sí o ¿quizá también hay muchas otras formas de aprender? Cuando Aristóteles enseñaba en el ágora ateniense y sus discípulos le escuchaban con atención paseando junto a su maestro nadie diría que no aprendían. Y si fuera verdad la leyenda de la caída de la manzana de Newton, que nos muestra al físico inglés ensimismado en sus pensamientos debajo de un árbol, sin hacer especialmente nada, cuando estaba alumbrando una de las leyes universales más conocidas por su gravedad. O la misma obra y vida contemplativa de San Juan de la Cruz, autor del Cántico espiritual, la poesía más sublime que se ha escrito en lengua castellana. Hay muchas formas de contemplar la vida y de aprender haciendo o sin hacer nada.
En octubre del año 2001 Javier Martínez, uno de los principales talentos o gurús españoles de e-learning, me mostró un magnífico curso on line sobre Macroeconomía, quizá el mejor que he visto nunca, producido por Roger Schank para la Universidad de Nueva York con un presupuesto cercano al millón de dólares. Al año siguiente y gracias a Sebastián Barajas pudimos invitar a Schank a participar en el II Encuentro de e-learning en el IESE. Su ponencia inaugural todavía es recordada por las ideas futuristas que nos expuso. Su “learning by doing” es una de las más sólidas corrientes del e-learning en el mundo, que básicamente responde a una visión muy anglosajona de la vida, de las personas y del trabajo.
“No todo en la vida es actividad frenética orientada a resultados económicos, sino que también se aprende sólo contemplando la vida”
¿Es posible aprender sin hacer nada desde un modo no estricto del término? (porque en la nada no se aprende y por tanto es imposible hacer-la). Yo quiero aprender y aprendo contemplando una puesta de sol en el atardecer en la playa de Cambrils, admirando la belleza de una mariposa, compartiendo buenos momentos con mis amigos, viendo una buena película, escuchando música, leyendo una buena novela, asistiendo a un Congreso o a una conferencia y tantas cosas más que me ayudan a vivir, a disfrutar de la vida y a aprender haciendo o sin hacer nada especialmente. No todo en la vida es trabajo, hacer cosas, actividad frenética orientada a resultados económicos. Percibo que aprendo mucho siempre que hago algunas de esas cosas, a veces sin hacer estrictamente nada. Sólo contemplando la vida. Por encima del aprendizaje continuo está la vida donde siempre aprendemos de casi todo, si queremos. En el mundo del trabajo las personas que son felices viven y trabajan mejor, comparten más lo que saben y aprenden mucho más.
No es anecdótico que la clase más popular en la Universidad de Harvard sea la del curso “para ser feliz”, que los libros y revistas de autoayuda sean cada vez más numerosos, o que se impulsen leyes para compaginar el trabajo y la familia. Hoy las personas trabajan y aprenden mucho pero a lo mejor no son tan felices o ¿quizá sí? En España tenemos otra visión diferente del mundo y de la vida, y por tanto también del trabajo, de la formación, de las relaciones profesionales y del modo de aprender. Frente al e-learning anglosajón, taylorista, práctico y orientado siempre a resultados, reivindico el e-learning mediterráneo, (al más puro estilo y filosofía del cantautor Joan Manuel Serrat), aquél en el que igual de importante es aprender al lado de un maestro o desarrollando una actividad, como aprender a vivir, a ser feliz en y fuera del trabajo, a compartir lo mejor de nosotros con los demás y aquél que nos lleva a contribuir a la mejora constante de nuestra sociedad, a disfrutar de la vida.
Para mí España es el país donde se vive mejor del mundo y también donde tenemos el mayor potencial para exportar una visión más abierta, dinámica y diferente del e-learning. El espectacular auge que están teniendo las múltiples aplicaciones de las nuevas tecnologías a la formación nos llevará sin duda a darnos cuenta que el e-learning no nace para reducir costes, viajar menos o para suplir la formación presencial, o para aplicar software, herramientas de autor y plataformas sofisticadas. El e-learning por primera vez en la historia nos hace libres de aprender lo que queramos y dónde queramos, nos facilita compartir el conocimiento y elegir el modo en el que queremos desarrollar nuestra carrera profesional. En esa libertad sin duda aprender haciendo es una buena fórmula, pero no la única.