Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Lunes 12 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 01:35 AM
La tecnología nos hace la vida… ¿Más complicada? ¿Más sencilla? La pregunta desencadenará entre amigos y conocidos una avalancha de quejas: continuas interrupciones del móvil, infinitos mensajes de mail que “hay que contestar”, etc. Quizá alguno aporte un ejemplo positivo. ¿Por qué siempre estará en minoría?
Que el mundo sea más complejo y sofisticado, al menos en términos de información, conocimiento e interacción, ¿significa que sea más complicado? Porque “complejo” no es lo mismo que “complicado”. La meteorología es compleja, multitud de interacciones con un resultado reconocible. Llueve o no llueve (otra cosa es predecirla).
En cambio, la burocracia europea es complicada. Lo contrario del “surfer” que cabalga las olas: un sistema complejo (surfer), sobre otro sistema complejo (ola) gracias a la tecnología (tabla, epoxy, etc.). La tecnología es un amplificador de nuestras capacidades, tanto las que están bien orientadas como las que no. Si nuestras acciones ante la complejidad son equivocadas, con más tecnología iremos peor. Estaremos en el mismo nivel de complejidad pero seremos más complicados. Nos ahogaremos.
“Pilotar la complejidad exige simplificarnos, hacernos más complejos pero menos complicados”
¿Qué hacer? Pilotar la complejidad exige simplificarnos, hacernos más complejos y menos complicados. Las “Leyes de la simplicidad” es un librito del americano de origen japonés John Maeda (http://weblogs.media.mit.edu/SIMPLICITY/). Curiosamente ha elaborado sus leyes observando cómo se construye buena tecnología. En sólo cien páginas resume sus diez leyes de la simplicidad.
Una de ellas es “Organizarse”. Organizarse reduce la complejidad. Ese amigo que afirma haber simplificado su vida con la tecnología (PC, móvil, PDA, Internet…), seguro que se organiza en su día a día librándose de lo superfluo y quedándose con lo importante. Esa es la primera ley de Maeda. Así se libera la mente para despachar velozmente lo que de verdad cuenta, sea una llamada, un proyecto, un mail o quién recoge a los niños hoy en la escuela.
Es la actitud del “surfer”: centrarse en el ahora y no anticipar demasiado. Encima, ¡el surfer se divierte! ¿Cómo conseguirlo? David Allen en “Getting things Done” nos lleva a una especie de “organización zen” centrada en no planificar y enfocarse en resolver el ahora. Todo lo contrario de las técnicas centradas en prioridades, “gestión del tiempo”, etc. Allen nos insta a poner el énfasis en la mínima acción, en el ahora mismo y no en el “superproyecto” y el gran plan.
Allen resumió en 2002 sus enseñanzas en una frase que se ha hecho muy famosa últimamente: “tu mente como el agua” (les recordará algún anuncio de coches con Bruce Lee de por medio ¿verdad?). Así, por vía de la acción y la decisión, conectamos otra vez con la visión oriental de Maeda. Usar la tecnología tras habernos simplificado es un primer paso para cabalgar en un entorno complejo. Y el primero para mostrar a los otros qué es hacerlo.