En España y en Europa, en general, tenemos una cultura que valora extraordinariamente la estabilidad en el empleo. Muchos Directores de Recursos Humanos se muestran orgullosos al comentar que la rotación externa de su personal es cero o insignificante; eso es señal, dicen, de que el entorno, las condiciones de trabajo y la motivación de sus trabajadores es la adecuada y no tienen necesidad de buscar trabajo en otras empresas.
Los empleados, según las encuestas, también tienen como objetivo el “empleo para toda la vida”, incluso una gran parte de los estudiantes universitarios se muestran interesados en trabajar para la administración pública que, como es bien sabido, prácticamente garantiza el empleo al 100%.
Es bien cierto que cambios frecuentes en los puestos de trabajo genera costes de formación de los nuevos empleados, reduce la eficiencia durante el período de adaptación a un nuevo puesto y puede tener, incluso, impacto en la calidad del trabajo.
Los jóvenes que se incorporan al mercado laboral en la actualidad se enfrentan a la precariedad en el trabajo y eso influye en su desarrollo profesional y en su estabilidad personal que son factores esenciales para el eficaz rendimiento laboral.
Sin embargo podemos encontrar muchos ejemplos de empresas en las que la incorporación de nuevos empleados ha significado importantes cambios en los métodos de trabajo o la adquisición de nuevos conocimientos que ha permitido mejorar su posición respecto a sus competidores, iniciar nuevas posibilidades de negocio y asegurar la supervivencia en el largo plazo.
Desde el punto de vista de los empleados, el cambio puede significar una posibilidad real de desarrollo al aplicar conocimientos adquiridos en una empresa a otra y, simultáneamente, adquirir otros de la nueva empresa. Este intercambio incrementa la “empleabilidad” y, como consecuencia, mejora la estabilidad profesional, aunque sea cambiando de compañías.
No vamos a defender un incremento de la temporalidad de los contratos laborales, ni “forzar” un porcentaje mínimo de rotación anual, pero sí podemos defender las ventajas de la movilidad profesional y que las empresas no teman que aunque algunos empleados se marchen, otros vendrán y podrán hacer las cosas igual o mejor.
En cuanto a los empleados, es bueno que se planteen un cambio profesional, y no solamente, cuando se encuentren a disgusto, sino como un proceso de desarrollo profesional continuo.
Para todos significa un cierto riesgo, pero ya sabemos que en el mundo de la empresa, sin riesgo no hay beneficio.