Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 04 del Julio de 2008 — Actualizado a las: 17:27 PM
Desde el pasado verano, cuando estalló la crisis, los inversores han asistido a un cambio en su perspectiva acerca del mercado de crédito y además, no les ha quedado más remedio, para entender qué está pasando, que familiarizarse con tecnicismos económicos que hasta hace poco solo manejaban los expertos.
El mercado de crédito gozaba de una salud excelente, con incrementos constantes en cuanto al volumen y a los miembros participantes. En los últimos años y debido a la innovación financiera de bancos y otras entidades, este mercado se había ido sofisticando. La sofisticación o la innovación no son malas si van acompañados de sólidos fundamentos. Sin embargo, no era este el caso.
En primer lugar, los miembros del mercado, a costa de lograr cada vez mayores beneficios a través de la titulización de activos (ABS, MBS…etc.), han ignorado el riesgo a través de su división y posterior reparto de prestamos entre diferentes inversores (hedge funds, fondos de pensiones, bancos de inversión…) o manteniéndolos en propiedad pero fuera de sus balances a través de vehículos de inversión estructurada (SIVs). Esa distribución empaquetada de activos con diferente calidad crediticia (prime, subprime) era facilitada gracias al beneplácito de las agencias de rating.
"Mientras dura el temporal lo más apropiado es estar fuera de renta variable"
Del mismo modo, personas que no podían hacer frente al pago de una hipoteca (pobre historial crediticio) y sin trabajo, han tenido acceso a una vivienda (son conocidos como ninja–no income, no job or assets). Esto se pudo hacer ofreciendo pagar tipos bajos durante los primeros años (teaser rates) y basándose en un incremento elevado y constante de los precios de la vivienda olvidando que en EE.UU la deuda va con la casa y no con el individuo. Por supuesto, las entidades emisoras tomaron medidas asegurando el posible impago a través de contratos suscritos con aseguradoras (monoline).
La rotura de este entramado, que hasta ahora había funcionado sin problemas, se ha debido a la subida de tipos en Estados Unidos y a la consiguiente ralentización en la demanda y construcción de viviendas. Ha tenido como consecuencia y de forma generalizada la extensión de la incertidumbre a todos los mercados y el aumento de la volatilidad. Todas las bolsas han sufrido descensos, alguna en mayor medida que otras, y el sector más perjudicado ha sido el financiero (bancos y aseguradoras) por su estrecha relación con los acontecimientos que se han ido conociendo, ya sea el aumento de provisiones, el anuncio de reducciones del beneficio o escándalos financieros por no seguir controles de riesgo.
Aún es pronto para saber si la crisis estará resuelta dentro de seis meses. Todavía no se ha acabado la temporada de presentación de resultados y las auditoras no han hecho públicos sus informes acerca de la situación financiera de las compañías. Para ver la luz al final del túnel es necesario que el mercado retome la confianza, ya sea a través de las inyecciones de liquidez de los bancos centrales, de un plan de salvamento acordado por las principales entidades financieras o de nuevas regulaciones.
Mientras dura el temporal lo más apropiado es estar fuera de renta variable, y en caso de estar optar por sectores anticíclicos. En cambio, es momento para estar mercados cuya evolución no dependa (decoupling) tanto de una posible recesión americana (países emergentes), optar por productos que se beneficien de la volatilidad, de la debilidad del mercado de crédito y de la fuerte demanda de materias primas.