Predica con el ejemplo

Dic 29, 2005 | Noticias


Predica con el ejemplo

Andrés Valdizán Quiñones

Actualizada: 29/12/2005

"...Debemos ser nosotros los que propicien un cambio de actitud, debemos respetar las reglas de juego... debemos predicar con el ejemplo"

 Hace algunos días recordé por un comentario, un hecho que me sucedió hace algún tiempo y que dejó una gran enseñanza en mí. Estaba en casa de una pareja de esposos, amigos míos, que tienen dos lindos pequeños, un varoncito y una mujercita, nacidos en ese orden. Estábamos conversando muy amenamente cuando golpearon a la puerta muy fuertemente. Al abrir  mi amiga la puerta vio que era la vecina, que muy indignada venía a darle las quejas respecto al comportamiento de su hijo. Le dijo que el niño le había dicho una grosería, mi amiga sumamente alterada por este hecho lo llamó en tono muy fuerte y hasta grosero para increparle el hecho. La señora al ver lo sucedido cambió totalmente su expresión y con aire comprensivo y esperando que el niño no estuviera cerca, le dijo a mi amiga: “Señora disculpe que la haya molestado, pero me doy cuenta que no es culpa del niño”. La señora muy amablemente se despidió de todos nosotros y se retiró.  

 

Mi amiga sin comprender la actitud de la señora, nuevamente llamó a su hijo para increparle, con actitud tosca y grosera, lo que había sucedido. El niño tuvo una respuesta que casi siempre se escuchaba de boca de ella misma: “Le dije eso porque la señora me hizo dar cólera”… 

 

Creo amigos, que es importante contar este relato para que se entienda la importancia de este tema… Nosotros somos el espejo de cada una de esas pequeñas personas con las que convivimos a diario. Debemos entender que cada una de las cosas que pedimos al resto de personas, debe ser reflejo de nuestra propia actitud diaria. Nosotros debemos PREDICAR CON EL EJEMPLO… 

 

Muchas veces en nuestro actuar diario cometemos ciertos excesos, errores u omisiones, que dejan entrever lo poco que tomamos en cuenta nuestra labor como educadores, olvidamos que nuestros pequeños serán el reflejo de nuestras actitudes presentes. Estas actitudes motivadas talvez por razones valederas para nosotros, pero contradictorias para la mente de un niño. Recordemos un momento el final de la historia: “El niño tuvo una respuesta que casi siempre se escuchaba de ella misma..."

 

Nosotros como padres sentimos que en ocasiones las sanciones con mano dura disciplinarán mejor a nuestros hijos, pero ¿cómo pedirles a ellos que no golpeen a sus hermanos menores cuando consideran que han cometido un error?, ¿no estarán talvez imitando las actitudes que nosotros tenemos con ellos?... Llegamos cansados de trabajar o estamos muy concentrados en alguna actividad e indicamos a nuestros hijos “que no tenemos tiempo, que será para después”, pero ¿cómo pedirle a un niño que no excluya de sus actividades a sus hermanos menores?... Queremos que nuestros hijos se expresen en buena forma frente a personas adultas, pero ¿nosotros lo hacemos frente a ellos? 

 

La labor del adulto es educar a los más pequeños, tratando de llevarlos por un camino adecuado, pero esto no será posible si en nuestra vida nosotros no llevamos las mismas reglas de juego. Pensemos un momento en el ámbito laboral… Los trabajadores siempre se guían de la actitud que toma el jefe en el trabajo cotidiano; siempre está a la expectativa de saber ¿cómo es que piensa?, ¿qué es lo que busca?, ¿hace las cosas decentemente?, ¿trata bien a sus compañeros de trabajo?, ¿respeta los horarios?, ¿hace con gusto sus labores?, ¿está pendiente de lo que sucede con los trabajadores a su cargo?, ¿es grosero?... y mil de preguntas más y si el jefe no respeta estás reglas de juego,  siempre se generará la pregunta en el trabajador ¿Cuál deberá ser mi posición frente ha este hecho como trabajador? ¿Si el jefe no respeta las reglas de juego, cómo puedo estar seguro que las sanciones que imponga  serán justas y coherentes y respetando las normativas de la empresa?. 

 

Pero debemos recordar que la labor de educar en el trabajo no solo depende de los jefes sino también del trabajador… Debemos ser nosotros los que propicien un cambio de actitud, seamos los que propicien un mejor ambiente laboral, debemos ser los que respeten las reglas de juego para lograr tanto el desarrollo personal como laboral. Prediquemos con el ejemplo día a día para que, de este modo nos sintamos orgullosos de nosotros mismos y para que los demás aprendan mediante esas actitudes cómo hay que comportarse. Hagamos un examen de conciencia diariamente y preguntémonos ¿Qué pude dar hoy de bueno para que otro lo imite?... Y si no encontramos nada, aún estamos a tiempo y lo único que puedo hacer es observar a un amigo, a mi pareja, a un compañero, a nuestros niños y rescatar lo bueno que haya en cada uno de ellos…

 

 

 

 

 





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