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Propiedad y Software Libre (I)
Propiedad y Software Libre (I)
Carlos Moreno Rodríguez
Actualizada: 31/08/2005
Salvo una pequeña minoría que controlan las grandes corporaciones internacionales y los monopolios de productos y servicios a escala mundial, la inmensa mayoría razonable de personas que estudian temas sociales, empresariales y organizativos, coinciden en un cambio de paradigma y en una modificación de objetivos, metas, actitudes y, por ende, de conductas, de los sistemas que son objeto de su análisis.
Con el advenimiento del siglo XXI, se han abandonado las obsoletas técnicas de control de personal, los análisis financieros que olvidan su porqué y su para qué, o la anulación de la creatividad de las personas por aquello de que "no te pago por pensar". Sin embargo, la cada vez más atestada esfera informática, está invadiendo los terrenos de gestión y administración por su rapidez, fiabilidad y eficacia al mover grandes bancos de información. Gestión y administración que necesita cualquier organización o institución de cierto calado. La representación de esa realidad informativa la trasladamos a automatismos que la mueven, la procesan y la intercambian. Los trabajadores que emplean aparatos informáticos están trabajando con la representación automatizada que se ha hecho de un conjunto de datos supuestamente extraídos de la realidad que dicen representar. Así, los límites de los programas informáticos, muchas veces residen en las relaciones reales y virtuales y cómo se representan -por automatismos- los procesos de interacción informativa. Este núcleo de complejidad es muchas veces soslayado cuando no negado: "lo dice el ordenador, luego tiene que ser verdad". Esta formalidad estocástica esconde tras de sí varios factores de naturaleza ética que trataremos de desbrozar en los párrafos que siguen; baste mentar, por el momento la pregunta de si el ciudadano tiene el control sobre la información global que mueven los computadores y en manos de quién está. Precisamente este tipo de cuestiones son las que socialmente han indicado otros rumbos organizativos. Puesto que todo producto o servicio puede mejorarse con el transcurso del tiempo, se hace más hincapié en los procesos y los procedimientos que en un finalismo o producto-total. Si la especialización en ese finalismo es la única teleología organizacional obtendremos que, ante la obsolescencia de dicho producto, la organización se desbarata intelectualmente cuando no se arruina financieramente. Sólo metodologías versátiles nos pueden ayudar a cambiar protocolos y procesos con cierta flexibilidad y plasticidad con sentido de la evolución. La estructura no es tan importante en la supervivencia organizacional como lo es la adaptación rápida y eficaz al entorno en el que, precisamente, se desenvuelve. Las circunstancias macro son muy difíciles de modificar, a no ser que se tenga un gran poder de influencia que, comparativamente hablando, recae sobre unos pocos. El resto de los mortales -la mayoría- hemos de conformarnos con la inteligencia y el análisis de la situación. Si concluimos que de la estructura organizativa no nos podemos fiar a largo plazo y que tenemos que adaptarnos con el fin de interactuar creativamente con el medio, tres cuartas partes de las hipótesis y aplicaciones que se manejaban en el siglo XX, no sirven; pues se basan en una teoría estática del contexto y de la organización, así como considerar a clientes, personal, socios o usuarios, como agentes pasivos -en vez de activos- de los procesos. Y un agente pasivo siempre es más fácil de automatizar que un agente activo, ¿verdad? En resumen, los automatismos modelizan la realidad a su imagen y semejanza, pero es un error de bulto presuponer que tales automatismos hacen más verdadera la información que contienen. Han sido pergeñados para el manejo de la información con un formato lógico y, tal formato, no cambia por sí mismo (es decir, no evoluciona) si no hay detrás alguien que lo haga cambiar. La información sólo se procesa en el sentido que dice el formato que se haga. Si queremos que la información fluya de otra manera, no hay más remedio que cambiar, sustituir o modificar ese formato lógico. ALTERNATIVAS SOCIALES Y ORGANIZATIVAS ACTUALES APLICADAS A LA PROPIEDAD Y EL SOFTWARE LIBRE Desde tiempos inmemoriales, la propiedad -material o intelectual- ha sido fuente de privilegios, muchas veces desmesurados. Ya en el siglo XIX, se denunciaron sistemáticamente las herencias del feudalismo y las fórmulas de trabajo a él asociadas. La incipiente Revolución Industrial, curiosamente, no significó unas condiciones laborales mejores o un reparto de la riqueza más equitativa, pero sí congregó a multitudes en un mismo lugar. Con anterioridad, sólo las guerras podían tener semejante poder de convocatoria. Con las fábricas y las minas, miles de personas interactuaban en un mismo contexto y con problemáticas asimismo similares. Los propietarios de minas y fábricas no tardaron en asumir la fuerza de la clase trabajadora, cuyos avances laborales sólo se vieron truncados por dos guerras mundiales y la destrucción que ello acarreó. A partir de los años cincuenta del pasado siglo, primero en Estados Unidos y después en Europa occidental y Japón, es cuando se empieza a replantear seriamente el tema de la propiedad y cómo se redistribuye la riqueza que aquélla produce. No obstante, sigue existiendo un vínculo, aparentemente natural, en la que la propiedad es una institución integrada de una forma global en la economía de los países; a excepción de las dictaduras, fueran comunistas o no, donde la propiedad era un vínculo del mandatario de turno y de sus amigos. Mientras que las dictaduras aniquilaban cualquier oposición, los países capitalistas y los propietarios que allí residian sabían que, ante la ausencia de la presión de la fuerza, matar a los trabajadores iba a ser peor remedio y perjudicaría sus beneficios y desarrollo. Así las cosas, éstos últimos, prefirieron entrar en un tira y afloja con los que hacían riqueza de la propiedad, redistribuyendo un poco más equitativamente ésa. De esta guisa, se empiezan a producir avances en el bienestar general de la población: sanidad y educación públicas, elevación de la cultura ciudadana, servicios sociales, atención a las minorías y así sucesivamente; pero siempre circunscrito a un ámbito occidental. Grandes zonas de África, Asia y América, son simplemente materia de comercio desigual entre poderosos y subordinados, donde la diferenciación tecnológica es una brecha insalvable en las políticas de superioridad del primer mundo. La propiedad en los países que no han alcanzado el bienestar social y un estatus legal estable y justo, es usada como arma arrojadiza; pues si no se adaptan a una política de precios internacional marcada por corporaciones y monopolios, la tecnología les es negada y, su desarrollo, queda en entredicho. Así, grandes masas de tierras y personas, se hacen tecnodependientes. La propiedad queda subsumida en la asunción tecnológica. Antes de proseguir conviene decir algo sobre la tecnología. Ésta consiste en modos, procedimientos y procesos (y no exactamente en productos finales) que manejan la realidad generando nueva información o regenerando la anterior más eficazmente. Así, el Derecho, la Filosofía, la Religión o la Política, al ser mediadoras entre las personas y su entorno, son también tecnologías, ya que modelizan y reinterpretan la realidad social, influyéndola y cambiándola, sin entrar a discutir si a mejor o a peor. Para lo que se reflexiona en estos párrafos lo mejor, socialmente hablando, es la aplicación efectiva de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como de un patronaje cultural y legal que abunde en las libertades y en el bienestar social efectivo de todas las personas. No todo avance científico viene acompañado de biener social general. Por ejemplo, la Alemania nazi de 1939, estaba a la vanguardia tecnológica mundial (al modo tradicional), si bien podemos preguntar a los judíos que vivían allí sobre su bienestar. La instrumentación social que hacía el nazismo era primitiva y partidista; por lo que, de nada sirve una tecnología científica fabulosa sino va acompañada de otra social asimismo avanzada y compleja. En la naturaleza no pone en ningún sitio que esta roca pertenece a fulano o a mengano, ergo la propiedad es un arbitrio humano. Se puede decir que la agricultura es asimismo un arbitrio humano, pero en distinto grado y medida y con diferente propósito general. La propiedad, por así decirlo, es un arbitrio humano subjetivo cuyo propósito no tiene por qué ser genérico. La ciencia y las técnicas de ella derivadas, salvo que se haga un uso político-económico-militar abusivo de éstas a posteriori, sí tienen ese propósito de universalidad aplicativa. Es decir, la propiedad no tiene una aplicatividad general y sí particular, cuyo beneficio prior va a parar a su propietario. El que constituya un derecho legalmente reconocido no quiere decir que interfiera con las libertades también legalmente constituidas. Los derechos, como el de la propiedad, quedan sujetos a las leyes y a un interés social o utilidad pública prioritarios al arbitrio subjetivo (verbi gratia, art. 33 de la Constitución Española). En tal sentido, el arbitrio objetivo, lo entendemos aquí como una universalidad aplicativa que redunda en beneficio de todos los que se amparan bajo semejante arbitrio. En general, existen determinadas propiedades sujetas a especificaciones legales especiales: la de aguas, la de minerales y la propiedad intelectual (arts. 407 y sgtes. del Código Civil Español). Lo que se trata es de dotar de un equilibrio entre un derecho como es el la propiedad y la justicia equidistante con otra serie de derechos y libertades: nadie debe ser propietario de un interés social ampliamente validado, ni poseer una utilidad pública con objetiva universalidad. La propiedad es un derecho, no una extensión de las libertades individuales. El art. 1º de la Constitución Española "propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político", exponiendo que, "la soberanía nacional reside en el pueblo español". De tal modo que la propiedad no es un valor superior ni puede sustituir a la ciudadanía como poder soberano. Lo anterior, que parece baladí y trivial, no lo resulta tanto cuando las grandes multinacionales farmacéuticas trafican con curas, vacunas y remedios de diverso tipo; o cuando los datos de las personas circulan por ordenadores que sólo Dios sabe quién los controla; o cuando se invierte más en la compra de un tanque que en la educación de los niños de una nación... Sean estas pinceladas genéricas, ilustraciones de lo que se quiere decir y, no se desprenda, que se desean negar los puestos de trabajo que ofertan estas industrias o que no tienen su necesidad de ser y estar. La propiedad como privilegio que deviene en desigualdad social universalmente objetivable, es ilegal; o al menos, es menos legal que otros principios jurídicos de interés público manifiesto. En el mundo de la informática hay dos subsistemas claramente diferenciados: el hardware y el software. El soporte físico -el hardware- se fundamenta en la propiedad industrial y en las patentes de ellas derivadas. El soporte no-físico -el software-, que hace funcionar al hardware bajo unos protocolos lógicos y programáticos, se basa (en España y en Europa en general) en la propiedad intelectual; que como ya quedó explícito, es una forma especial de propiedad. En Estados Unidos, ambos sistemas se alojan en los principios de las patentes y la propiedad industrial. En virtud de que la gran industria del software se desarrolla en Estados Unidos, aquélla intenta imponer a Europa su sistema de patentes y de propiedad. Semejantes intentos, hasta el momento, han sido infructuosos debido a la movilización social y al desencuentro jurídico en este aspecto. La propiedad del software sigue siendo del tipo intelectual en la Unión Europea. Esto supone una ventaja competitiva de primer orden y evita la tecnodependencia europea de los Estados Unidos (lo que se intentará argumentar en la segunda parte del artículo).
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