- Fuente: Global Talent
Redefiniendo la evolución humana
Foto: David O'Rojo
“Aún no tenemos una respuesta fiable sobre el origen común de los distintos grupos de homínidos”. Puede que la genética haya mandado al garete medio siglo de investigaciones afianzadas en fósiles y en el estudio de las formas. Salvador Moyà-Solà y su equipo en el ICP se han enfrascado ahora en dilucidar la posible disparidad de procedencias de los parientes del hombre, una vía abierta recientemente gracias al acceso a los genes.
La irrupción de la genética y la genómica en el campo de la prehistoria tambaleó certezas y originó enconadas discusiones entre científicos de una y otra orilla. “En los últimos años los datos de origen molecular con que trabajan los genetistas, los datos paleontológicos que vienen del registro fósil y los datos morfológicos están siempre en conflicto”, señala Moyà-Solà. “Aunque creo que el enfrentamiento proviene más de los egos de los investigadores que de la información real que contienen genes y fósiles”.
Hace un par de semanas Barcelona escenificó el fin de estas rencillas particulares. Unos y otros se complementan. “Al final las cosas encajan. Cuando dispones de mucha información, genética, paleontológica y morfológica es cuando realmente eres capaz de proponer hipótesis bien fundadas”, asegura el director del ICP.
¿Extinción?
Llegar a un acuerdo sobre el pasado tal vez sea más sencillo que acercar pronósticos de futuro. Basándose en su conocimiento del comportamiento acumulado de los seres humanos, Salvador Moyà-Solà ve el futuro negro: “Los humanos tenemos una memoria histórica muy corta y nos cuesta ver los problemas actuales desde la perspectiva adecuada. Acabaremos destruyendo el planeta”. “Nos extinguiremos, como todas las especies”, asevera Eudald Carbonell desde su tribuna como “evolucionista radical”.
“Nos cuesta ver los problemas actuales desde la perspectiva adecuada. Acabaremos destruyendo el planeta” Invasión, exterminio, destrucción. Cine y literatura ya han dibujado este panorama, que los científicos no ven tan improbable. “Tenemos una economía basada en el crecimiento, pero tiene un límite impuesto por la sostenibilidad del planeta. Esto la gente no lo tiene en cuenta”, lamenta Moyà-Solà. “Los paleontólogos sabemos muy bien lo que ocurre cuando la evolución tiene lugar en una isla: las poblaciones se extinguen porque se acaban los recursos. Vivimos en una isla y esto nos puede suceder a nosotros”. Ha llegado el momento de “tomar medidas impopulares: debemos frenar el crecimiento. Una de nuestras funciones como científicos es explicar esto a la gente y a los políticos. Que nos escuchen”, lanza el paleontólogo. “Pero los políticos no actuarán porque en última instancia están gobernados por la economía, y la economía es crecimiento constante”.
“Por selección natural estamos diseñados así. Somos egoístas, pero ahora tenemos un conocimiento que el hombre primitivo no tenía”, se convence el capitán del ICP. Aunque la selección natural ya no es determinante para Eudald Carbonell. Ella “traza su camino pero nosotros, con la selección cultural, la matizamos”. Esta redefinición del progreso humano centra las cavilaciones del responsable del IPHES. “Evolución y diseño es una formulación de la evolución humana a partir de una serie de leyes que estoy buscando, basadas sobre todo en la evolución social del hombre, complementaria a la evolución biológica”, explica. “Estoy buscando las mecanismos de la selección cultural que han hecho que nos distinguiéramos de los primates”, aclara.
Selección cultural
La tecnología juega un papel determinante en las teorías de Carbonell. No hay ninguna duda de que el hombre del siglo XXI es tecnológico. Al contrario de lo que muchos piensan, “la tecnología debe emplearse para humanizarnos mejor. Su aplicación en la sociedad ha incrementado nuestra sociabilidad, a la vez que ha cambiado nuestra [...]
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