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Viernes 10 del Octubre de 2008 — Actualizado a las: 16:22 PM
La primera chimenea que fabricó Dominique Imbert respondió a una pulsión más vital que artística: tenía frío. Sin saberlo, en aquél 1967 estaba naciendo el primero de los 60 modelos de chimeneas Focus que se han creado hasta el momento. Aquella primera, la Antéfocus, marcó pues el inicio de una carrera próspera que ha dado lugar a una empresa que actualmente factura más de 11 millones de euros anuales.
Todo empezó hace 40 años, cuando Dominique Imbert dejó París para irse a Viols-le-fort, un pequeño pueblecito de reminiscencias medievales donde construyó su pequeño fortín a partir de un montón de ruinas. Con algo menos de 10 euros compró los restos de lo que fuera una casa, luego otra, y así poco a poco fue trabajando para convertirlos en lo que hoy es su hábitat natural: un showroom para sus creaciones, un atelier, unas oficinas y un laboratorio. “Tan sólo para limpiar las oficinas estuve tres años vaciando barro y picando piedras”, recuerda.
En 1968 creó la Gyrofocus (en la foto), un modelo que le ha dado fama mundial y que le ha valido el reconocimiento del museo Guggenheim de Nueva York, donde una de estas chimeneas ocupa permanentemente su propia sala. “Quería que el fuego se pudiera contemplar desde varios ángulos”, explica Imbert, “y creé la primera chimenea pivotante sobre un eje”.
A partir de ahí las creaciones se suceden: en 1978 nace la Bathyscafocus, con aspecto de escafandra, en 1983 la Ergofocus, “el modelo del que más ejemplares hemos vendido”; en 1993 Imbert da un salto con la Eurofocus, de aspecto plano y pivotante; y así hasta crear los sesenta modelos que hoy configuran su catálogo Focus.





De la Francia rural al resto del mundo
Si alguien se acerca a las instalaciones de Focus en el pueblo de Viols-le-fort le parecerá increíble que la empresa de Dominique Imbert esté distribuyendo sus chimeneas a prácticamente todo el mundo. Es un reducto pequeñito, con aires de otra época, “cuando la gente vivía del agua de la lluvia y el panadero era el amo del pueblo puesto que era él quien guardaba los alimentos”, explica Imbert.
Desde aquí, las chimeneas Focus viajan a todo el mundo, puesto que la mitad de la fabricación se destina actualmente a la exportación. El primer importador es Italia, con un 50% de las compras totales, mientras que el resto de exportaciones se reparten en pocas cantidades entre otra veintena de países. En total, más de 3.000 chimeneas al año que pasan, una a una, por la supervisión del artista.
Incluso las hay que imprimen su propio sello convirtiéndose en piezas únicas, como la línea Omégafocus, cuyas aberturas son diseñadas en cada ocasión por el artista, y que incorporan una placa identificando su singularidad.
“No soy colorista”
La mayoría de las chimeneas de Dominique Imbert visten, igual que él, un negro riguroso. “No soy colorista”, asegura, pero no hace falta que insista porque esta apreciación resulta evidente. No obstante, la admiración artística le ha llevado a algunas excepciones, como en el caso de las Chromifocus, inspiradas en la pintura de colores puros de Mondrian.
Pero el negro, “además de ser el color que más me gusta”, es también un requisito técnico, puesto que la única pintura que soporta las altas temperaturas en contacto directo con el fuego es de este color.
A partir de ahí la investigación pasa, chez Imbert, por las formas y los materiales, jugando con el bronze, o incluso el cuero, para dar lugar a nuevas creaciones. La última es de 2007. Se llama Kinéfocus, e Imbert la creó porque “las chimeneas son pasivas, y quería hacer una que interactúe contigo, que te siga por la habitación como si fuera una cámara que siempre te está enfocando”. Y para 2009, Imbert está preparando una vuelta a la edad de piedra con la Stonefocus, “una reflexión interesante que nos devuelve a tiempos antiguos”.