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Viernes 05 del Septiembre de 2008 — Actualizado a las: 17:35 PM
Timur Fayziev es el fundador y director del Ballet de Moscú. Su gran lucha diaria es hacer que los espectadores que acuden a ver a la compañía sientan las mismas emociones que él. Por eso, “busco a bailarines que tengan un equilibrio entre la técnica y la expresión”, nos confiesa. “Si uno de los bailarines es muy bueno técnicamente, pero no sabe transmitir ningún sentimiento, para mí no es el mejor”, añade Fayziev. Admite ser un director “blando”, mientras que la parte exigente del trabajo se la deja a su mano derecha, la coreógrafa de la compañía, “que es la encargada de velar para que todos los bailarines hagan un trabajo más que perfecto”, dice Fayziev.
“Durante las funciones, mi cabeza no para de pensar: ¿la gente estará sintiendo lo mismo que yo? Espero que sí, porque sino, no están disfrutando del auténtico ballet”, añade su fundador y director. Timur Fayziev admite que sus bailarines le dan un poco de envidia. Él empezó como profesional de la danza clásica y ahora “me encantaría volver a subir al escenario a bailar. Pero los años han pasado, incluso para mí, y mi físico ya no es el de antes”, añade.
Dentro de una compañía de ballet clásico, el director y la coreógrafa son las figuras más importantes. Pero también los bailarines son una parte indispensable del ballet y, al igual que en la mayoría de las profesiones, existen las jerarquías. Ser bailarín solista en el Ballet de Moscú significa haber logrado el éxito profesional en el campo de los bailarines de ballet. En el caso del Lago de los Cisnes, Natali Matsak y Dimitry Smirnov son los protagonistas de la clásica obra. Dimitry hace ocho años que es el primer bailarín del Ballet de Moscú y como tal, vive en una disciplina continua. “Tengo que estar siempre en plena forma, porque al ser el primer bailarín, me exigen mucho más que la resto”. Por oto lado, Natali ha sido invitada por Timur para que interprete el papel de Odette, la princesa convertida en cisne que deberá encontrar el verdadero amor para romper el hechizo.
Los dos protagonistas saben que “durante el ballet, todo el mundo nos mira”, pero no por eso se ponen nerviosos. Natali admite que “si no saliéramos relajados y tranquilos al escenario, sería imposible bailar ballet”. Pero, ¿cómo consiguen relajarse cuando tienen a todo un teatro observando sus movimientos? “Existen unos ejercicios de respiración que hacemos justo antes de salir. Se trata de relajar tanto el cuerpo como la mente y salir a bailar. Simplemente disfrutar”, dice Natali. Dimitry comparte su opinión y afirma que “lo peor que podría pasar es que nos equivocáramos. Y si ocurre, estamos lo suficientemente preparados para que el público no lo note”.
Es el momento de corregir las últimas posiciones y acabar de pulir un montaje que, para el que no domine, ya está perfecto. Dimitri y Natali encarnan al príncipe y al cisne y, si no fuera porque sabemos que es fantasía, la bailarina principal del elenco se podría pasar por el animal de blanco plumaje. La coreógrafa da las últimas instrucciones a todo el ballet: dónde colocarse, en que posición deben finalizar y, todo ello, bajo la atenta mirada de Timur. A tan sólo un par de horas del estreno, lo más importante para los bailarines “es ir a comer alguna cosa”, dice Natali. “Es muy importante empezar a bailar con la digestión finalizada porque de esta manera, tu cuerpo tiene más libertad”, añade Dimitri.
Los dos protagonistas del Lago de los Cisnes siguen con su ensayo, repasando los movimientos más complicados y acabando de precisar los detalles del gran estreno con la coreógrafa. Por su parte, Timur bromea con el resto del elenco:”es un buen método para calmar los nervios”.