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Viernes 04 del Julio de 2008 — Actualizado a las: 17:27 PM
Querer tener control sobre nuestras cosas es normal. Pero ¿qué ocurre cuando se trata de nosotros? ¿Qué ocurre cuando se trata de los nuestros? ¿Qué ocurre cuando se trata de la vida?
Las cosas se pueden controlar más o menos, pero ¿se puede hacer lo mismo con las personas? ¿Con el tiempo? ¿Con el futuro? ¿Con el amor?
Algunas personas creen que sí, necesitan controlarlo todo. Su vida se construye sobre el control, aunque en realidad viven bajo el miedo. Un gran miedo que les arruina la vida y, de paso, la de los demás. Miedo y control son como uña y carne.
Este libro propone observar cómo se conjuga el miedo con la necesidad de controlar. Habla de la ansiedad y la obsesión a la que se llega cuando el control es excesivo. Habla de los miedos que construimos. Habla de las conductas de control y retrata controladores. Habla en definitiva de los tiempos de incertidumbre en los que vivimos. Y propone un conjunto de reflexiones para los que decidan descontrolarse.
¿Cómo saber cuándo estamos "controlando demasiado"?
Dentro del mundo de la empresa, los cargos directivos suelen tender a ese excesivo control del que hay que aprender a deshacerse. La alarma debe saltar, según Xavier Guix, "cuando el nivel de estrés es alto, cuando hay demasiada ansiedad. Cuando se sufre antes de tiempo. Cuando estamos demasiado encima de los demás. Cuando toda la conducta se orienta a controlarlo todo. Cuando las relaciones se resienten". A nivel físico, los síntomas son muy claros, "dolor de espalda y abdominales, contracturas, piernas flojas, etc...". En definitiva: "la rigidez del cuerpo y de nuestra actitud ante nosotros mismos es un síntoma inequívoco de que hay que empezar a descontrolarse".
Dirección de empresas y "descontrol"
Los miedos más comunes entre los directivos de empresa son, según Guix, "el error, la equivocación, tomar decisiones poco acertadas y no saber liderar a su equipo". El hecho de tener que estar mostrando contínuamente sus capacidades hace que a menudo el ámbito personal y el crecimiento humano queden a un lado, detrás de los resultados empresariales y de las cuentas diarias. También en el ámbito directivo, pues, "hay que descontrolarse porque también son personas, no sólo roles funcionales. Hay que descontrolarse, porque el exceso de control incrementa la ansiedad y acaba produciendo obsesiones. Hay que descontrolarse porque sólo desde una posición de aceptación de la realidad, que implica reconocer el miedo y la incertidumbre, se puede confiar en uno mismo i en los demás para conseguir los objetivos propuestos".