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Lunes 12 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 01:35 AM
Actualmente en las etiquetas de los productos ya se informa de las características de los productos, de su composición, del proceso para hacerlo comestible,… todo esto en distintos idiomas. Está bien que tengamos información sobre los productos que consumimos, de igual manera que la tenemos con los productos farmacéuticos porque de alguna manera se trata de evitar posibles problemas para el consumidor. La seguridad alimentaria ha sido en los últimos años uno de los objetivos prioritarios de la Unión Europea, sobretodo después del problema sanitario vivido por el caso de las “vacas locas”.
Sin embargo y en la práctica, como en otras ocasiones, la implantación de un reglamento puede resultar muy complicado. Un producto lo pueden comprar en una tienda y lo pueden ver perfectamente etiquetado. Sin embargo, este mismo producto lo pueden consumir en un establecimiento público como un bar o una cafetería, donde evidentemente no está etiquetado. No me imagino este tipo de establecimiento con carteles informativos en las paredes explicando las características de los productos que ofrecen.
Cumplir con el reglamento podría encarecer los productos si no se toman soluciones creativas
Otra cosa sería que todos los productos que se pudieran consumir en estos establecimientos estuvieran envasados de forma individual, y por lo tanto pudieran tener una etiqueta. Probablemente para cumplir algunos de los reglamentos de la UE sobre seguridad alimentaria el envasado de la mínima unidad consumible sería el único camino posible. Esto supondría un incremento en el precio final del producto porque el proceso productivo, y concretamente el proceso de envasado, resultaría mucho más costoso.
Hay dos aspectos que son preocupantes en todo este proceso de reglamentación. El primero es que parece que consumir productos alimenticios puede resultar “peligroso” para nuestra salud, y el segundo es que acabaremos pagando más por lo mismo, solo por el hecho de que estemos informados.
Centrándonos en el aspecto informativo y para evitar paranoias respecto a si necesitamos un nutricionista de cabecera o no, considero que Internet puede resolver en gran parte este problema. Si en los productos que consumimos, que de entrada se supone han pasado todos los controles sanitarios correspondientes, en la etiqueta se hace referencia a una dirección de Internet para tener más información sobre el mismo, creo que esta fórmula puede resultar efectiva para cumplir con algunos de los reglamentos sobre seguridad alimentaria.
Por poner un ejemplo: no sé hasta qué punto resulta necesario que en la etiqueta de una botella de agua figure el análisis químico del contenido. Si quiero conocerlo por algún motivo, lo podría buscar por Internet en la Web informativa del fabricante. Solo bastaría que en la etiqueta figurara el código del producto y el lote para poder acceder a la información. Indirectamente esta fórmula también colaboraría en el desarrollo sostenible del planeta, pues no se consumiría tanto papel ni tinta para imprimir etiquetas.