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Jueves 20 del Noviembre de 2008 — Actualizado a las: 12:03 PM
En este artículo me voy a centrar en el elemento que la empresa a veces no considera determinante, y es el apoyo de la propia Dirección y los recursos que va a asignar para que el proyecto de implantación cubra la expectativas.
La implantación de un ERP no puede ser responsabilidad únicamente de una de las partes implicadas. Ambas partes - la empresa y la consultora - tienen que asumir que se trata de una tarea conjunta. Si uno de los dos no da la talla, lo más probable es que el proyecto fracase.
Cuando se implanta un ERP lo más probable es que haya cambios organizativos y esto en muchas empresas suele molestar por diferentes motivos. El más habitual es el miedo, que a su vez también tiene diferentes causas. Los cambios producen temor en las personas simplemente porque se encuentran en un terreno desconocido, y ante esta situación suelen actuar con desconfianza. Otras veces el miedo es consecuencia de la pérdida de poder, e incluso de la pérdida del lugar del trabajo.
Teniendo en cuenta que estas situaciones son conocidas, la empresa tiene que procurar una vez tomada la decisión, comunicar que el proyecto de cambio es para fortalecer a la propia organización y que todas las personas van a recibir la formación adecuada para que puedan dominar la nueva herramienta. Es verdad que en ocasiones la implantación de un ERP puede suponer la pérdida de lugares de trabajo, probablemente porque con el cambio se corrigen ineficiencias, pero no siempre es así y lo más habitual es que se trate de mejorar el nivel competitivo de la organización.
Volviendo al tema de los recursos que la empresa tiene que asignar, no se trata de cubrir el expediente y por lo tanto tiene que dedicar a las mejores personas de la organización, a las que conocen mejor la compañía, a las que están motivadas por el cambio, en definitiva: a los “primeros espadas”.
Es verdad que la dedicación de estas personas supone un coste, pues el tiempo empleado en el proyecto no lo pueden dedicar a las tareas que realizan habitualmente, pero también se puede mirar de otra manera y es viéndolo como una inversión. Las empresas no cambian habitualmente de ERP. Igual que sucede con las personas, la mayoría se casa una sola vez en la vida, algunas dos veces, y unas pocas pueden hacerlo tres o más veces, porque también piensan de alguna manera que se trata de una decisión estratégica, y se supone que los dos implicados van a dedicar los esfuerzos necesarios para que la relación funcione (y perdonen el símil). La implantación de un ERP es cosa de dos.