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Jueves 20 del Noviembre de 2008 — Actualizado a las: 11:36 AM
El Grand Chapiteau es la primera muestra de la grandeza de esta compañía teatral fundada por Gay Laliberté en 1984. Una gran carpa que en su interior alberga un escenario de 324 metros cuadrados, por el que, a lo largo de dos horas, se sucederán más de una decena de actuaciones, unidas todas ella por la interpretación de Zoe, una niña cansada del mundo real que buscará un nuevo espacio mágico en Quidam.
Diábolos que se elevan hasta alcanzar el techo de la carpa, una contorsionista que logra hacer girar una multitud de aros por todo su cuerpo, artistas que saltan unos encima de otros logrando figuras conjuntas inimaginables, son algunos de los números que conforman Quidam. Nadie queda indiferente ante tales exhibiciones en las que “rozar el límite”, es el gran lema de la compañía.
Me encanta el espectáculo porque llega al fondo de las personas
Isabelle Vaudelle, contorsionista aérea en seda, nos cuenta que “¡me encanta el espectáculo! No sólo porque trabaje en él, sino porque llega al fondo de las personas. Isabelle protagoniza uno de los números más arriesgados y espectaculares de la función. Sujeta únicamente por una larga cinta roja y acompañada por una cautivadora música, la contorsionista logra dibujar en el cielo del Grand Chapiteau elegantes figuras que rebosan intensidad a la vez que dejan entrever la figura de Isabelle entre la tela.
El payaso, una pieza fundamental en el espectáculo
Como todo “Circo” que se precie, los payasos tienen un papel fundamental. Toto Castineiras, en su papel de Mark, sale a la pista para reclamar la atención y participación del público con el fin de aportar al espectáculo esa pizca de alegría y risas que tan sólo un clown puede lograr. Para Toto, no hay mejor recompensa de su trabajo que la respuesta que da el público, “el aplauso es diferente en cada función que hacemos y siempre viene bien. Al fin y al cabo, es el índice más claro que tenemos para saber si el espectáculo gusta y qué es lo que hay que cambiar. Es lo que mantiene vivo al circo”.
Trabajar en una compañía como El Cirque du Soleil es un regalo para cualquier artista. Todos sus componentes son escogidos en los cástings que se realizan periódicamente en muchos países del mundo. Pero si algún aspecto es verdadero en esta compañía que juega con la ilusión y la magia, es que para formar parte del elenco de artistas, es imprescindible ser el mejor y tener un número que, simplemente, deje perplejo al público.
Música en directo
Uno de los aspectos que logran cautivar, si se puede más, al público es la orquestra que acompaña a los artistas en la ejecución de sus números. Formada por siete instrumentistas, entre los que se encuentra, batería, saxofón, cantante, piano, violín, violonchelo y guitarra, estos profesionales son los encargados de la banda sonora del espectáculo.
Actualmente, Cirque su Soleil está formada por más de 1.000 artistas de 40 nacionalidades distintas. Entre sus éxitos, se encuentran montajes como Alegría, Dralion, Saltimbanco, Varekai, entre otros repartidos, ya sea de manera fija o itinerante, por todo el mundo.