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Viernes 03 del Julio de 2009 — Actualizado a las: 17:36 PM
Cuando una tecnología funciona, es difícil que las empresas decidan voluntariamente invertir en otras soluciones, aunque éstas les puedan proporcionar muchas más ventajas. El miedo al cambio sigue siendo el principal obstáculo para la implantación de la RFID, una tecnología de autoidentificación mucho más avanzada que el tradicional código de barras, que ha cumplido ya treinta años de vida.
No obstante, algunas empresas han apostado por la introducción de mecanismos RFID en algunos de sus procesos logísticos, de distribución o incluso comerciales y de márqueting. Estos ejemplos han hecho evidentes las múltiples posibilidades de aplicación que esconde la RFID, que al margen de todas ellas presenta dos ventajas indiscutibles frente al código de barras. Tal y como las define el director de RFID Magazine, Roger Hostalot, “una es que no se necesita visión directa entre la etiqueta de RFID y el lector; y la otra radica en la capacidad de identificar cierta cantidad de productos de manera simultánea”.
Es decir: el código de barras necesita que lo acerquemos al lector para que lo identifique, y además hay que hacer este proceso con cada producto uno a uno. Con la RFID, un palet lleno de cajas identificadas con etiquetas RFID puede pasar a unos metros del lector, y éste registrará al mismo tiempo todas las cajas. El ahorro de tiempo resulta considerable según el siguiente ejemplo propuesto por Hostalot: “para enviar un palet, se puede estar hablando de 45 minutos de trabajo para identificar cada una de las cajas marcadas con código de barras, mientras que el mismo proceso vía RFID tardaría del orden de 12 segundos”.
La RFID será cara hasta que su uso se vaya extendiendo
El precio no ayuda
Por ahora, las etiquetas RFID siguen siendo mucho más caras que los códigos de barras. Éstos se obtienen con una simple impresora, que supone un gasto de menos de un céntimo de euro por cada etiqueta. Los tags de RFID, sin embargo, oscilan entre los 10 y los 20 céntimos en los mejores casos. ¿A qué se debe esta espectacular diferencia? Básicamente a dos motivos: por un lado, las empresas que desarrollan la tecnología RFID han invertido grandes cantidades de dinero en Investigación y Desarrollo que ahora tienen que recuperar, hecho que no les permite rebajar excesivamente sus márgenes de negocio.

Por otro lado, según explica el consultor experto en RFID Leopoldo Abadía, "las etiquetas RFID incorporan materiales caros, como el silicio con el que se fabrican los chips que llevan incorporadas, un material que cotiza en bolsa y cuyo valor por tanto es tan poco manejable como el del oro o el petróleo".
Aún así, como en todas las nuevas tecnologías el precio se irá reduciendo a medida que aumente su implantación. Según Hostalot, “para poder rebajar los precios de la RFID, se está buscando masa crítica que ayude a repartir mejor los costes”.
La cuestión del precio ha provocado que la RFID se implante "tan sólo en aquellos casos en que es amortizable por el volumen de mercancías que se quiera identificar, o porque el producto en cuestión tenga un margen de negocio amplio", explica Abadía.
Made in USA
Se calcula que casi el 80% de la tecnología RFID se fabrica en EEUU, pero en Europa también existen algunas empresas que están ganando fuerza. Se encuentran básicamente en los países escandinavos, sobretodo Finlandia, en Alemania, Francia o Inglaterra, mientras que en España existen pocos ejemplos. Algunos son los gerundenses Icnita, Premo RFID, que exporta la mayor parte de su producción, o Osés RFID, dedicada en este caso a la fabricación de Tags. También en nuestro país, la empresa mayorista especialitzada en RFID, Next Point Solutions, fabrica productos de marca blanca a partir de módulos RFID del fabricante Skyetek.
El miedo al cambio es mayor obstáculo que el precio
Una implantación progresiva
Saident es una empresa dedicada a la implantación de soluciones RFID a distintos niveles. Sus clientes la utilizan tanto para cuestiones logísticas como para fines comerciales, y en todos los casos la experiencia está siendo positiva. Su director general, Daniel Rodríguez, reconoce que el nivel de penetración de esta tecnología es todavía escaso, pero asegura que “los pocos que han apostado por la RFID lo han hecho a por todas, realizando muchos proyectos piloto que ya están funcionando con éxito”.
En su opinión, “lo que frena a las empresas tiene que ver más con la cultura y la información que con el precio de la RFID. Hay muchas informaciones contradictorias, y la gente no se aclara”.
Las noticias sobre RFID han inundado los medios de comunicación desde que algunos proyectos han dado a luz noticias curiosas como la del Magic Mirror, una aplicación 100% comercial de este tipo de tecnología. Pero los ejemplos van mucho más allá.
Las posibilidades son infinitas, y los más futuristas ya hablan de cómo la RFID conseguirá que cuando vayamos al supermercado la compra se nos cargue directamente en la tarjeta de crédito con tan solo pasar el carrito por un umbral equipado con RFID. “Esto costará y habrá que resolver algunos problemas técnicos”, reconoce Hostalot, “pero al final nos dirigimos hacia esa nueva experiencia de compra”.