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Viernes 04 del Julio de 2008 — Actualizado a las: 17:27 PM
El carisma y liderazgo de Rómulo, la expansión y “primeras adquisiciones” del imperio, los sucesores de fundador, las guerras continuas, las ambiciones desmedidas de algunos líderes, la decadencia, la reinvención del imperio con Julio César (modelo, según el autor, de cautela, ambición, firmeza, vanidad y astucia, cualidades imprescindibles para ser un buen líder), Augusto y su incapacidad de encontrar a un sucesor... Todo desde el prisma de la gestión empresarial, el libro se convierte en una amena historia que además da algunas lecciones sobre buen management.
Así, desde el primer momento, Bing establece ese paralelismo entre el imperio y la empresa. "Las empresas empiezan con una buena idea, se crean ofreciendo productos y servicios a quienes los necesitan, ampliando sus áreas de actividad, evolucionando, creando más que destruyendo, moviéndose siempre por un deseo central de hacer el bien y de mantener contentos a los ejecutivos", argumenta el autor.
Y precisamente Roma "tuvo una única, simple y genial idea corporativa: que cualquiera que fuera conquistado por Roma, introducido en el cuerpo del negocio, era romano. Una vez adquirido se dejaba de ser Ellos. Se pasaba a ser Nosotros. Roma vendió ciudadanía al mundo. Y fue un producto estupendo".
Un proyecto empresarial, el de Roma, que acabó hundiéndose, pero del que se puede aprender mucho, según se transmite en el libro. Porque, "¿Qué hubiera sido usted? ¿Un director de planificación estratégica para Roma o un vasallo de algún tipo con pelos sobre la nariz?". Stanley Bing le ayudará a encontrar su respuesta.