Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 16 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 19:39 PM
Desde el principio de los tiempos, los hombres han sido dirigidos por personajes “poco centrados”. El autor recoge numerosos ejemplos: desde Alejandro Magno hasta Juana de Arco, Hitler o George W. Bush. Un auténtico catálogo dominado por personas “con la sorprendente capacidad de reinventarse con tanta frecuencia como Madonna”.
De hecho, una de las impresiones habituales entre los empleados por cuenta ajena es que nunca se logran los objetivos que sus jefes les imponen. Otra, que los responsables de las empresas son incapaces de organizar sus propias tareas y descargan sus frustraciones sobre los subalternos.
El problema no radica en la manera de trabajar ni en las habilidades para relacionarse con los compañeros o superiores, sino en la propia organización de la empresa. El jefe es una víctima más del sistema y, en muchas ocasiones, le lleva a asumir estados paranoicos o situaciones fuera de la lógica, sostiene Stanley Bing, autor del libro.
Así que el jefe loco no es más que una pequeña pieza de una organización loca, y que a su vez no es más que una pieza del engranaje de un mundo loco. En cualquier caso, los síntomas del jefe loco pueden sintetizarse en:
Bing se ha labrado su propio prestigio como gurú de los negocios gracias a numerosos libros sobre nueva economía. Desde hace varios años en los que ha ocupado puestos ejecutivos, ha acumulado diferentes experiencias para indagar las relaciones que existen entre el principio de autoridad y la locura con una visión nueva, libre de todo formalismo y, sobre todo, con un punto de vista descarnado que le permite ponerse de lado de "los más débiles": los trabajadores subalternos. Bing asegura sin tapujos que el cerebro de un jefe está estructurado según la siguiente fórmula:
Gracias a un estilo directo, Bing desvela paso a paso las maneras de pensar de quienes nos dirigen, preguntándose por qué, en la mayoría de las ocasiones, parecen estar "poseídos por demonios que los convierten en personas tan detestables como peligrosas… incluso para sí mismas".