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Viernes 16 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 19:39 PM
En 1872 se elaboraron las primeras botellas de cava en nuestro país, a partir de la uva que producía el mismo terreno donde hoy se levantan las cavas Raventós i Blanc. Sin duda ha llovido mucho desde entonces (poco ahora, según se quejan en la comarca), pero algunas cosas parecen haberse eternizado en este lugar.
El imponente roble que preside la entrada de estas cavas es el orgullo de la familia, y la imagen que les representa. A pesar de que sus raíces están totalmente enterradas, es fácil imaginar que se alargan hasta donde pueda alcanzar la vista, dando vida a todo aquello que forma el paisaje.
El contraste entre esta imagen cargada de años y la modernidad del edificio, que fue reconocido con el Premio FAD de arquitectura en 1989, está en sintonía con lo que ocurre de puertas hacia adentro, donde se podría decir que hay el mismo número de máquinas que de manos trabajando sin descanso.
Aquí, la uva la recogen racimo a racimo un grupo de jornaleros cordobeses que con el paso de los años habrán conseguido desarrollar un sexto sentido para escoger los mejores brotes. Llegan en septiembre y se van a mitades de octubre, dejando en las tinas el caldo que se convertirá en siete vinos y cuatro cavas de altísima calidad.
Después de las manos andaluzas llegan las máquinas italianas, “aquí en España no hay nadie que las fabrique”, asegura la enóloga que guía la visita. El proceso se ha diseñado para que la uva sufra cuanto menos sea posible. Así, por ejemplo, se ha evitado usar bombas de succión para pasar la uva por la tolva, que cae por puro efecto de la gravedad dentro de la prensa, donde la pasta de uva triturada empezará un largo camino de limpiezas, fermentaciones, reposos y embotellados.
Del mosto al vino y del mosto al cava
El trayecto de los vinos y el cava se separa enseguida. Los vinos irán a las barricas, de donde saldrán convertidos en blancos (Montserrat Blanc, Silencis, Perfum de Vi Blanc), rosados (La Rosa de Raventós i Blanc), y tintos (los dos Isabel Negra y el Novembre).
El cava bajará a las bodegas, donde permanecerá por lo menos 18 meses en crianza. La Denominación de Origen del Cava (DO Cava) obliga a los elaboradores a un mínimo de nueve meses, pero el más joven de Raventós i Blanc dobla ese tiempo, mientras que el Manuel Raventós Gran Reserva pasa siete años entre los cuidados de las rimas y los pupitres. Allí, otra vez serán manos expertas las que ayudarán al cava a liberarse de las impurezas, hasta que, llegado el momento, se pueda proceder al descorche y embotellado final.
Un pequeño secreto que nos llevamos de las cavas Raventós i Blanc es que preparan una nueva apuesta: el cava rosado, que cada vez está más presente en la mesa del buen gourmet. Lo que no sabemos, porque depende de cuándo será el momento justo para embotellarlo, es cuándo estará a la venta. Como en todo lo que sucede en Raventós i Blanc, el vino y el cava son los que mandan.