"La Casa Blanca, el próximo «Versalles» de Trump"

La Casa Blanca, el próximo «Versalles» de Trump

En 1999, una burla del programa humorístico «Saturday Night Life» presentaba a un Donald Trump dispuesto a presentarse a las elecciones y con grandes estrategias para la casa presidencial: transformaría la Casa Blanca en la Casa Trump. El imitador del multimillonario, entre las risas del público comunicaba: «Va a ser una instalación gubernamental de lujo […]

En 1999, una burla del programa humorístico «Saturday Night Life» presentaba a un Donald Trump dispuesto a presentarse a las elecciones y con grandes estrategias para la casa presidencial: transformaría la Casa Blanca en la Casa Trump. El imitador del multimillonario, entre las risas del público comunicaba: «Va a ser una instalación gubernamental de lujo de noventa suelos con casino y todo lujo de detalles».

El republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton han vencido en las primarias de Florida y han dado un gran paso para conseguir la nominación de sus partidos a la Casa Blanca, según datos oficiales preliminares.Donald Trump previno que en caso de que el Partido Republicano rechace investirlo aspirante para las elecciones a la Casa Blanca a pesar de haber ganado la mayoría de los comicios primarios, podrían suceder “disturbios”.

Entonces, el desembarco de Trump en la Casa Blanca era un chiste recurrente. Diecisiete años después, es una posibilidad cierta, con el candidato republicano en cabeza de todas las encuestas y el establishmentde su partido desesperado por encontrar maneras para deshacerse de él.

El revolcón político que prometió ala nación va a ser fenomenal, en caso de que Trump termine por instalarse en el número 1600 de la avenida Pensilvania. ¿Va a afectar también a uno de las marcas de la presidencia de EE.UU. la Casa Blanca?

Un recorrido por el gusto estético de Trump pondría a temblar a las paredes sobrias de la casa presidencial, ejecutada en estilo neoclásico a fines del siglo XVIII. Muchos de sus grandes proyectos inmobiliarios danzan en la frontera entre lo lujoso y lo chabacano . Trump es en sí mismo el lugar común del multimillonario exhibicionista, ávido de mostrar su éxito a través de sus jets, helicópteros, coches… Una imagen es forjada pegado a un Rolls Royce, en lo alto de un rascacielos de lujo, entre sedas y terciopelos y con más oro en sus relojes que el cuello y las manos de los raperos de la era bling bling de fines de los 90. Todo en Trump debe ser más grande, más lujoso, con más quilates. Desde las letras con su nombre en las torres Trump hasta las corbatas de seda, que le caen varios centímetros por debajo del cinturón.

Un buen ejemplo es Mar-a-Lago, un club residencial en Palm Beach con una arquitectura en la que se acopia lo colonial, lo toscano y lo morisco. Su sala de danza es un espacio versallesco en el que se amontonan los detalles en oro, los drapeados, las molduras imposibles y el cristal de los candelabros. Ahí festejó Trump sus maravillosos resultados del pasado «Super Martes», un empujón a su campaña en las primarias, y ahí ha recibido el voto de confianza de uno de sus contendientes durante parte de la carrera presidencial, Ben Carson.

Pero, ¿qué define mejor el universo estético de una persona que su propio hogar? La casa principal de Trump está en Nueva York, en la misma Torre Trump. Es un triplex con visiones inmejorables a Central Park. La decoración es el equivalente a contratar de interiorista a un Luis XVI lisérgico y regalarle un cañón de oro líquido. El aspecto del hogar es conocido muy bien por un reportaje al que la familia Trump entró en 2010, en el que el magnate posaba con Melania y el hijo de ambos. La casa es una fantasía barroca de mármoles de Carrara, cristal de Bohemia, columnas griegas, frescos en los techos y muros muebles de época, todo con ornatos exagerado. Paredes son balaustradas.

Cualquier reforma en la Casa Blanca es causa de controversia –a Nancy Reagan, muerta hace dos semanas, se le ha criticado durante años por gastarse demasiado en la vajilla–, y Trump se apresuró a mencionar que, solamente la redecoraría «un poco», si se convierte en presidente. Después de observar su hogar, para muchos «un poco» de Trump podría ser demasiado. Lo que sí insistió es en construir una sala de danza, para no tener que hacer recepciones en una carpa en el jardín de la Casa Blanca. Un su estilo tan ambicioso como holgazán ha proclamado: «Vamos a contratar a los mejores, a los mejores en todo, vamos a tener la mejor sala de danza». Inclusive se brindó a pagarlo con su propia plata. Tal vez ahora tenga la estrategia de que lo pague México, como la pared en la frontera.