"“Todos somos necesarios”, el llamado a la inclusión del papa en la Basílica de Guadalupe"

“Todos somos necesarios”, el llamado a la inclusión del papa en la Basílica de Guadalupe

Foto: Wikipedia – Crepuscular rays colorLeer también: Amor y dolor en “La leona”Leer también: Scott Disick… ¿Quiere o no quiere volver con Kourtney Kardashian? Le solicitaron casi a gritos que hablase de los 43 de Ayotzinapa, de los desaparecidos, de las víctimas de la narcoviolencia, de las madres que padecen, de los marginados… No se […]

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Foto: Wikipedia – Crepuscular rays color

Le solicitaron casi a gritos que hablase de los 43 de Ayotzinapa, de los desaparecidos, de las víctimas de la narcoviolencia, de las madres que padecen, de los marginados…

No se ha quedado con nada. En su primera homilía en la Basílica de Guadalupe, Francisco ha hablado de todos aquellos que hacen parte de esa cultura del descarte que él tanto denuncia en su adolescente papado.

Lo ha hecho cuando, evocando al indio Juan Diego, a san Juan Diego, solicitó “que nadie quede afuera”, porque “todos somos necesarios”, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la “altura de las circunstancias” o no “contribuyen el capital necesario” para la construcción de las comunidades, la sociedad y la cultura de un pueblo.

El papa del sí, al igual que “María, la mujer del sí” a Dios, apoyó al pueblo mexicano a que también mencione sí a la esperanza, a la pelea, a no claudicar ante las adversidades. Solicitó el sí a todos, pero en especial a los pequeños, a los que padecen, a los desplazados y eliminados, a todos aquellos que “sienten que no tienen un sitio digno en estas suelos”.

El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios hace referencia a una diosa suprema.

Con su mensaje, el papa ha consolado a los abrumados y, a su paso, ha condenado al crimen organizado. “Dios se aproximó y se aproxima al corazón sufriente, pero resistente de tantas madres, papás, abuelos que han observado partir, perder o incluso capturarles criminalmente a sus hijos”.

También ha hablado de la adolescencia llamando al amor y a la inclusión. “El Santuario de Dios es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones, especialmente de los adolescentes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas…”

Un santuario es un templo o un lugar al que peregrinan numerosos leales de una determinada religión o iglesia.

Con una voz serena, pero firme, Francisco ha apelado a sus gestos de cariño y piedad para comprometer a los mexicanos a vivir una fe genuina y operativa. A superar ese “complejo de inferioridad” —léase de humildad— que tuvo Juan Diego cuando, en repetidas ocasiones, le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada y que debía elegir a otros para llevar a cabo su obra porque él “no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo”.

El papa ha remarcado el ha caminado de la fe e insistió en no dejarse triunfar por los dolores, por las melancolías. “Hoy nuevamente [la Guadalupana] nos vuelve a mencionar, sé mi embajador, sé mi enviado a construir tantos y nuevos santuarios, a acompañar tantas vidas, a consolar tantas lágrimas”.

Francisco ha tocado el corazón del pueblo mexicano. De los marginados, de los comunes y corrientes. De muchos que, como el pequeño Juan Diego, sienten que “no valían nada”. Y, tal como ha hecho la Virgen con el hoy santo, solicitó a cada uno de los millones de “Juan Diegos” que pueblan la segunda nación con más católicos en el mundo, que sean su “embajador” para el cambio, la esperanza, la transformación.

¿Cómo lograrlo? En medio de la vida ordinaria… “Por los senderos de tu vecindario, de tu comunidad, de tu parroquia…”.

La bendición final de Francisco ha puesto final a la misa. Pero cuando parecía que todo terminaba, para él apenas empezó: su cariñoso encuentro con la Virgen de Guadalupe.

Cuando el papa brinde a la Guadalupana una corona, un momento muy significativo tendrá lugar. Al término de la celebración, Jorge Mario Bergoglio va a visitar el “camarín” donde se guarda la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe, y va a permanecer en oración por un rato.

Fue en el camarín, allí donde se halla la tilma de san Juan Diego, donde quedó estampada la imagen de la Morenita.

Al final juntos. Frente a frente. Francisco y la Guadalupana. Madre y hijo. A solas como ha sugerido. Esa ha sido su única petición antes del viaje: “…Quiero que me dejen un ratito solo delante de ella… Es el favor que les solicito…”.

Ha cumplido su compromiso. Ha puesto a sus pies una corona de rosas amarillas. La observó a los ojos y se ha perdido en su mirada de cariño. Le ha orado con devoción. Le ha suplicado en silencio “no dejar de vernos con piedad”… Y ha renovado el sí de Juan Diego.

¡Francisco es el papa del sí!