"Elecciones en EE.UU.: por qué las primarias del estado rural de Iowa son decisivas"

Elecciones en EE.UU.: por qué las primarias del estado rural de Iowa son decisivas

Foto: Wikipedia – Iowa Locator MapLeer también: Julianne Moore, Amy Schumer y Susan Sarandon, votos famososLeer también: Lewinsky denuncia en eMerge a la industria de la degradación Los habitantes de Iowa, uno de los más pequeños, deshabitados y rurales rincones de Estados Unidos, tienen su momento de gloria cada cuatro años. Iowa es uno de […]

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Foto: Wikipedia – Iowa Locator Map

Los habitantes de Iowa, uno de los más pequeños, deshabitados y rurales rincones de Estados Unidos, tienen su momento de gloria cada cuatro años.

Iowa es uno de los 50 estados de los Estados Unidos de América, encontrado en el Medio Oeste de la nación.

Por cuenta del peculiar sistema electoral estadounidense, recibieron un papel de desproporcionada relevancia a la hora de elegir quién va a ser el hombre más poderoso de la Tierra.

El 1 de febrero arranca aquí la carrera por la Casa Blanca, que va a culminar en noviembre con la elección presidencial.

La reforma sanitaria favorecida por el mandatario al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca y denominada “Obamacare” por los republicanos de forma despectiva es el principal baluarte del legado de Obama en política nacional, aunque también la principal cosa de críticas por parte de los conservadores.

En el estado de Iowa tiene lugar la primera decisión interna que llevarán a cabo los dos partidos principales, el Demócrata y el Republicano.

Por los siguientes seis meses, demócratas y republicanos planearán comicios independientes en cada uno de los 50 estados.

Esos comicios escogerán delegados a los congresos de los partidos que tienen lugar en julio, donde en últimas, se van a proclamar los candidatos oficiales de los dos partidos principales a las decisiones presidenciales de noviembre próximo.

Pero para los aspirantes republicanos y demócratas, en muy pocas partes es tan importante ganar como aquí, en esta provinciana región alejada de las grandes capitales pero que estará en el foco de la atracción mundial por las próximas horas.

Iowa es un estado de 3 millones de habitantes, apenas el 1% del total de la nación.

Más aún, con su población mayoritariamente blanca y rural, está lejos de reflejar la sociedad multiétnica y urbana en que se ha convertido Estados Unidos.

El 91% de su población es anglosajona. Solo el 5% son hispanos.

Esto en contraste con el total de Estados Unidos, en el que 72% son anglosajones y 17% tienen ancestro latinoamericano.

Y está el suceso que muy pocos de los votantes elegibles participan en el procedimiento de selección del candidato en Iowa, como si lo anterior fuese poco.

Las primarias de cada partido en Iowa están abiertas a los votantes registrados de la respectiva colectividad en ese estado. Pero muchos acuerdan no hacerlo.

En 2012, por ejemplo, afliges 19.7% de los republicanos registrados en Iowa, unas 120.000 personas, han hecho parte de las primarias de su partido en ese estado.

La encuesta se ha realizado entre el 26 y el 29 de enero a 602 votantes demócratas registrados en Iowa y otros 602 votantes republicanos registrados en el mismo estado y su margen de error es de más menos cuatro puntos porcentuales.

Entonces, se interrogarán muchos, ¿por qué es tan importante electoralmente este lugar tan periférico?

En este caso aplica muy bien el refrán de “quien pega primero, pega dos veces”.

Las primarias estadounidenses son un extendido y, mencionarían algunos, despiadado sendero de espinas por el que los candidatos deben proceder por cerca de medio año.

Están 24 horas al día bajo el escrutinio más intenso que difundan los medios sobre grupo alguno de personas en todo el mundo.

El sistema está diseñado para hacer que los más débiles se den por triunfados relativamente pronto.

Aparte de la resistencia personal y emocional que tiene que tener un candidato para cruzar una y otra vez el continente norteamericano en busca de votos, está el factor financiero.

Una campaña presidencial puede costar cerca de US$1.000 millones.

Por lo que los candidatos a la Casa Blanca necesitan estar nutridos por un flujo casi persistente de donaciones.

O mantienen ese río de donaciones, o fallecen políticamente en la tentativa.

Por todas estas causas, recibir una primera victoria en las primarias de Iowa es un objetivo crucial para todas las campañas.

Al llegar primeros, comienzan a recibir más cobertura gratuita de los medios. Los dirigentes regionales de las próximas primarias se interesan más en ellos. Los donantes les dan más plata.

Comienza a construirse lo que llaman la “inevitabilidad” del candidato, un creciente impulso que, como bola de nieve, acumularáse y puede llevar al beneficiado directo a la Casa Blanca.

Del mismo modo, una derrota estruendosa en Iowa espanta a los donantes, lleva al tedio del prensa, al desaliento de sus seguidores, y frecuentemente, a una retirada sin pena ni gloria de la contienda electoral.

Pero incluso con todo ello, dicen los críticos, ¿no tendría más sentido que este primer filtro estuviera a cargo de un estado más poblado o más importante económicamente?

El encanto de Iowa radica precisamente en su reducida población, aseguran los que defienden su papel en las primarias.

La campaña presidencial, que casi siempre se practica al por mayor, a través de los medios de comunicación masiva, se lleva en Iowa al nivel personal.

Para ser elegido en noviembre como líder de la superpotencia, el candidato tiene que hacer campaña en enero, casa por casa, tienda por tienda, en poblados minúsculos de ese estado.

En esa contienda, más que observarlos por televisión, los electores de Iowa quieren conocer a sus candidatos en persona, a veces en el salón de sus hogares, adonde van estos poderosos a tratar de persuadirlos de darles su voto.

Un procedimiento personalizado que sería imposible en las grandes ciudades.

Y así, gente que puede mencionar examina en detalle a los candidatos que los ha conocido en persona, como si estuvieran haciendo campaña entre sus vecinos para ser escogidos concejales de su pueblo .

Ganar en Iowa, hay que mencionarlo, no es una garantía absoluta del éxito final de la campaña. En 2008, por ejemplo, los republicanos de Iowa han puesto de primero a Mike Huckabee, pero al fin del procedimiento nacional la nominación ha sido para John McCain, quien a la postre perdería la decisión general en contra del demócrata Barack Obama.

Trump ha aprovechado su intervención para pelear en contra de su principal rival en las primarias, el senador por Texas Ted Cruz, a quien ha llamado “mentiroso total» por mencionar que el multimillonario respalda un sistema de salud similar al propuesto por el presidente Barack Obama.

Del mismo modo, en 1992, en la primaria demócrata de ese estado, Bill Clinton ha obtenido un humillante tercer puesto, siendo superado por Tom Harkin y Paul Tsongas.

Meses después, Clinton había remontado la diferencia, se ha proclamado al candidato demócrata, y en noviembre de ese mismo año ha llegado a la Casa Blanca al vencer a George Bush papá.

No obstante, un buen resultado en Iowa es por lo general, un indicador de lo que pasará en el resto de la campaña.

En el Partido Demócrata, siete de los diez candidatos que han ganado en Iowa desde 1972 han resultado elegidos candidatos a la presidencia.

Su partido En los Republicanos , seis de lo que han ganado en Iowa también eligió a ellos para la prueba final.

La prueba electoral que continúa a la de Iowa es la de Nueva Hampshire, otro estado similar, de población pequeña, rural y principalmente blanca.

Pero de ahí en adelante continúan Nevada y Carolina del Sur, estados con una sustancial población hispana en un caso, y afroestadounidense en el otro.

Y unos días después, el 1 de marzo, llega “el Supermartes”, donde cerca de una docena de estados en todo el país llevan a cabo simultáneamente sus primarias.

Para ese momento, la campaña se centra definitivamente en lo mediático. Los candidatos que han sobrevivido a Iowa tratan de llevar sus mensajes a millones, no decenas de seguidores.

Y por los siguientes meses, hasta llegar a los congresos de los partidos que van a proclamar al ganador, la infraestructura electoral de los que pelean por la presidencia comprará las dimensiones gigantescas que van a definir este noviembre quién se queda con la Casa Blanca.