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Sueño de una noche de Primavera
Estaba yo a las puertas de semana santa, pensando en el tiempo que tendría para trabajar tranquila, para dormir, para escribir un artículo y después cuatro días de fiesta. El viernes recibo un jarrón de agua fría, uno de los pactos que buscábamos con un grupo de profesores y que parecía casi resuelto, se rompe antes de cerrarse. Sabía que la adaptación a Bolonia no sería fácil, el eterno y tortuoso camino que ha marcado el gobierno español en gran medida pero también el catalán en algunos aspectos lo han puesto muy difícil. En el seno de la Universidad tampoco ha sido un camino de rosas y a nivel interno, dentro de la propia escuela, ha habido y hay conflictos en estos momentos que estamos cerrando el despliegue de los planes de estudio.
El viernes me voy a dormir intranquila pensando en el callejón sin salida al que me ha llevado el conflicto del día. Supongo que los conflictos y las vacaciones me dejan en un estado de ánimo extraño y los sueños se aprovechan de ello.
De repente estoy en la línea de salida de una carrera en un estadio inmenso y lleno de gente. Los espectadores se agitan y gritan, no solo están en las gradas, también están en el césped y en medio de la pista. Hay pocos participantes, todos están listos, yo también participo, acabo de llegar y consigo sacarme la mochila que llevo en la espalda y la chaqueta, pero no llego a sacarme los pantalones largos, no importa, la carrera empieza y no tengo tiempo de hacerlo. Empieza la carrera, hay tanta gente que en un momento dado no llego a distinguir a los otros corredores entre tanto espectador. La carrera es larga y sale del estadio, me dirijo hacia un camino de salida que hace subida en medio del estadio, no estoy segura de haber tomado el camino correcto, pregunto a una persona que resulta ser la gerenta de la universidad. Me dice que no sabe por donde va el camino pero por allí no es. Regreso hacia la pista buscando el camino que me tiene que llevar fuera del estadio. De repente ya estoy fuera, busco a gente corriendo puesto que no sé por donde ir. Pasa un grupo de niños con mochilas, parece que saben el camino y los sigo. Parece que voy por el buen camino. Me encuentro con un amigo en medio de la carrera, él es avaluador de la ANECA y está también muy seguro del camino, así que me pongo a correr a su lado, tranquila voy haciendo. En este momento los atletas pasamos por un prado cuesta abajo que acaba en un acantilado. Junto al acantilado hay un grupo de cipreses altos y creo distinguir una casa en medio. El camino pasa por el lado de los árboles y después sube de nuevo por el prado. De repente la tranquilidad se rompe y vuelve haber mucha gente agitada que anima a unos atletas, pero no los que están en mi camino, si no en otro. Entre la multitud distingo a unos atletas fuertes, altos y casi todos rubios que llevan un buen ritmo. Empiezo a preguntar, yo también estoy participando en aquella carrera, allí es donde debería estar y quiero llegar al camino correcto. No quiero hacer trampas, quiero hacer todo el camino sin saltarme ningún tramo, aunque no consigo encontrarlo y tanta gente me empieza a agobiar. La llegada está cerca, muy cerca, la multitud apremia, pero no tengo claro por donde seguir....
Cómo en una pesadilla me despierto y soy consciente de que he soñado con la carrera de Bolonia.
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